Ara Pyahu, el renacer de la vida Imprimir
Escrito por Mónica Carinchi   
Miércoles, 26 de Octubre de 2016 16:00

Acompañada por otros pueblos originarios, la comunidad guaraní festejó su año nuevo. Casi 200 personas participaron de la celebración guaraní, conducida por Reinaldo Roa. A pesar de la destrucción del Opy, lugar sagrado del pueblo guaraní, en el pequeño espacio a él dedicado se realizó la imposición del nombre originario a adultos y niños, momento que generó gran emoción entre todos los presentes. Una vez más no sólo se renovó la vida, se renovó el compromiso con Punta Querandí.

 

El 25 de septiembre, a Punta Querandí concurrieron jóvenes, adultos, niños, convocados por el renacer de la vida, celebrado por el pueblo guaraní.

La consigna Roñembo’y (Estamos de Pie) se vivió en plenitud: la ausencia del puente no detuvo a los festejantes que pasaron de una orilla a la otra con sus flores y la certeza de que, en esa ceremonia, no sólo se festeja la renovación de la Naturaleza, se festeja, también, la alegría de estar juntos.

Superando el estado de zozobra provocado por la destrucción del Opy (ver recuadro) Reinaldo Roa condujo la primera parte de la ceremonia. En el círculo que a todos iguala, los presentes escucharon sus palabras, recibieron el hálito de vida y, finalmente, ofrendaron un abrazo al hermano que estaba al lado.

Cánticos en lengua guaraní, acompañados con instrumentos típicos, formaron parte de la ceremonia; desplazándose en la suave brisa, crearon un mágico momento al que se unieron las ramas de los sauces. La espiritualidad, invisible como la música, se pudo sentir.

 

Para toda la vida

En un espacio recoleto, apartado del resto por matorrales de paja brava, se realizó la segunda parte de la ceremonia. Allí Gladis Roa, una abuela guaraní, estuvo encargada de poner el nombre guaraní a adultos y niños que lo habían solicitado.

“Es muy delicado ponerle un nombre a una persona, hay que saber por qué se le pone, cuál es el significado, porque lo puede perjudicar o beneficiar. Es un sello divino que llevamos para toda la vida”, explicó Gladis, cuyo nombre guaraní es Yasirendí (Luz de Luna).

En la cultura guaraní, a los niños no se les piensa el nombre antes de nacer; el nombre está relacionado con su personalidad o con alguna circunstancia especial, por eso debe transcurrir un tiempo antes de imponerle un nombre.

“Recibir un nombre implica el compromiso de llevar esta cultura para toda la vida. Entonces, cuando la gente ya está convencida, ahí lo solicita”, informó Maira Juárez, historiadora y militante indigenista, que participó activamente en la ceremonia.

La entrega de cada nombre fue celebrada con aplausos así como la presentación de los infantes que “primero se presentan a Ñanderú y después a la sociedad”, aclaró Yasirendí.

En ese pequeño lugar, rodeados de la típica vegetación del humedal pampeano, la emoción capturó a todos los festejantes. “Hoy se movió una energía poderosa. Ésta es una ceremonia a la vida que florece, a las frutas que maduran, a los árboles que brotan. Y las personas también se renuevan”.

Lo que también se renovó fue el compromiso de seguir protegiendo Punta Querandí como espacio público y sitio sagrado de los pueblos originarios.

 

Un lugar para todos

En la ceremonia guaraní participaron integrantes de otras culturas, entre ellos Alberto Aguirre, del pueblo qom, que milita en el Movimiento en Defensa de la Pacha desde su origen.

“Aquí se integran muchas culturas. Tratamos de explicar cómo somos para que se nos integre y nosotros integrar a los otros. Mostrame cómo sos y yo te muestro cómo soy y juntos vamos a ser grandes amigos”. Una propuesta a la que es difícil oponerse.

En esta búsqueda de intercambios, los integrantes del Movimiento en Defensa de la Pacha han hablado con habitantes de barrios cerrados: “Más allá de las discusiones que hemos tenido con los abogados de los empresarios, porque yo no meto a toda la gente en la misma canasta, se han acercado personas que viven en los barrios cerrados y conversamos. Cuando les explicamos nuestras razones para defender este lugar, quedaron asombrados y desorientados. En muchos casos nos dijeron ‘nos engañaron, nos vendieron el paraíso arriba de un cementerio’. ¿Cómo se soluciona esto?”. La pregunta queda flotando.

Gladis explicó que Ñanderú (Padre Sabio) es un espíritu que creó todo lo que existe sobre la Tierra y más allá también, por eso la Tierra es un espacio para que todos los hombres y mujeres la habiten en hermandad. “Aquí se han encontrado enterratorios de culturas milenarias, estamos tratando de protegerlos. Por este lugar no sólo pasan habitantes de Tigre, acá vinieron de Chiapas, de las islas Canarias, de todas partes de Argentina. Esto ya no es sólo algo nuestro, nos involucra a todos”.

 

Algo de Historia

Hace aproximadamente una década, la empresa Eidico contrató a los arqueólogos Acosta y Loponte para hacer trabajos de campo en toda la zona de Punta Canal, de uno y otro lado del canal Villanueva. “Desvalijaron todo y dieron vía libre a la empresa. Afirmaban que acá no había nada y los entes gubernamentales aceptaban su palabra”, recordó Alberto.

En medio de los debates con funcionarios municipales y provinciales, un día apareció una señora por Punta Querandí; mientras recorría el lugar, hablaba con Alberto. “Bajamos a la orilla del canal, vio los restos de cerámicas. Seguimos caminando, llegamos al lugar donde construimos el Opy; ahí había unos pozos profundos que habían hecho para sacar tierra. Entre toda esa tierra removida, me pareció ver algo, me agaché y encontré una cerámica. ‘Mirá esta cerámica’, le dije. Ella la tomó, la miró, la dio vuelta, le pasó el dedo y me dijo ‘esto no es una cerámica, esto es una cavidad craneana’. Eso se estudió con carbono 14 y salió que tenía 1075 años de antigüedad”.

Por haber encontrado restos óseos, el espacio donde se construyó el Opy es especialmente sagrado. “Si bien toda la Tierra es sagrada para nosotros, hay lugares donde se entra en una conexión especial con la Naturaleza. Éste es uno de ellos. Aquí hay mucha energía y para mí fue un dolor encontrarme con la destrucción del Opy. Nosotros lo construimos para darles una sorpresa y compartirlo con todos. Y se encargaron de venir y destrozarlo”.

Alberto abogó por una resolución política. “Pueden firmar que este espacio es público, cultural, abierto a todos. Nosotros queremos exhibir lo que tenemos. Hemos pedido la repatriación de la momia que Loponte retiró de la otra orilla, eso está documentado. Él dijo que estaba en el Museo de La Plata, fuimos y no estaba”.

A esto la cultura occidental lo llama profanación y la moral y las emociones dicen que está muy mal. Por eso Alberto planteó: “¿Cómo se sentirían ellos si yo voy donde están enterrados sus padres y madres, rompo todo, relleno y pongo mi casa arriba? Es lo que están haciendo ellos acá, en los humedales”. Agassaganup O Zobá.

 

“Yo escucho que montones hablan muy bien, pero no hacen nada; nosotros no hablamos, pero hacemos”, declaró Reinaldo Roa. Y, en efecto, en silencio, con cariño y alegría, fue construyendo un Opy, lugar sagrado donde los guaraníes se conectan y hablan con sus superiores.

“Para nosotros es fundamental tener el Opy, porque otros tienen sus iglesias, sus templos y nosotros, que somos de acá, no puede ser que no tengamos nuestro espacio sagrado. Entonces empezamos a hacerlo, sólo faltaba ponerle la paja en el techo, estaba toda la estructura. Un día llegamos y no había nada. Quedé como tonto, como si hubiera recibido un golpe que me atontó. No sabía qué hacer, no podía creer que esos que dicen que son los grandes civilizados, pudieran hacer algo tan grave”.

Tampoco nosotros podemos creerlo; el dolor y la vergüenza, porque en algunos casos una se avergüenza de ser blanca, nos imponen el silencio.

La vida sí pudo hablar, pues, a veces, su magia y su misterio aletean y piden una oportunidad más.

“Medio atontado me quedé mirando fijo y vi un colibrí justo delante de mí que me estaba diciendo que siga, que él me ayuda. Fue algo que me dio tanta energía, me recargó, me fortaleció. Voy a seguir haciendo”.

Para la cultura guaraní, el colibrí es un pájaro sagrado que alimentó y refrescó a Ñanderú con el néctar de las flores. Ese pequeño pajarito sólo puede llevar mensajes a hombres sensibles que construyen espacios sagrados para toda la humanidad.

 

Foto: Música y cantos en el final de los festejos