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Escrito por Mónica Carinchi   
Viernes, 16 de Febrero de 2018 01:03

Reserva Delta Terra, gestionada por la Fundación Azara

A través del centro de interpretación y el recorrido por los senderos que atraviesan la reserva, se puede apreciar la flora y fauna autóctonas de la primera sección de islas. De viernes a domingo, las lanchas de Sturla llegan a la reserva que está en el arroyo Rama Negra. Visitar el centro de interpretación no tiene costo. Para realizar la visita guiada, se abona $130; los menores de 6 años no pagan; niños de 6 a 12 años y jubilados pagan $100; con tarjeta Soy Tigre, descuento de 20%; los isleños no abonan. Es un espacio de conservación de flora y fauna; desde hace 3 años tienen un centro de rescate de animales. Para conocer las distintas formas en que se puede colaborar o informarse sobre el voluntariado, ingresar a la página www.fundacionazara.org.ar

Muchas son las personas que apoyan campañas para terminar con la cacería de leones o el comercio de marfil. Está muy bien, hay que seguir haciéndolo. Pero, junto con esto, hay que interiorizarse sobre nuestros animales autóctonos porque lamentablemente durante décadas se generó una invisibilización de nuestra fauna y flora nativas. A causa de esta política sistemática de borramiento de todo lo que conforma la naturaleza de nuestro pago, hoy escuchamos: “Cuando llegan las escuelas, todos los chicos preguntan por los animales de África. Ninguno pregunta por un carpincho, incluso el yaguareté recién ahora se conoce un poco más. Esta es una de las grandes dificultades de la conservación, porque nadie puede querer aquello que no se conoce. Es necesario tomar cariño por lo propio porque si alguno lo quiere destruir, entonces se sale a defender. ¿Cómo se hace para defender lo propio si no se conoce?”.

Esta pregunta la hizo Esteban, el guardaparque de Delta Terra, reserva ubicada a 30 minutos de la estación fluvial de Tigre, gestionada por la Fundación Azara.

 

Centro de interpretación

Un altísimo cañaveral, un deck, sala de estar y un centro de interpretación reciben al visitante. Todo esto puede ser utilizado gratuitamente.

“El centro de interpretación introduce al visitante en la geografía propia de la isla, así cuando la gente camina, entiende dónde se encuentra”, explicó Marina Homberg, bióloga que coordina el lugar.

Fotos y réplicas de animalitos (coipos, carpincho, comadreja, lobito de río, ciervo de los pantanos), objetos típicos de los guaraníes, pueblo que habitaba las islas, y algo de la historia reciente también sirven para ambientar al visitante. La réplica de una canoa realizada con un tronco que “los guaraníes untaban con grasa de carpincho para darle flotabilidad”, es muy admirada por todos.

Muchos remeros llegan, toman algo, pasan al baño y vuelven a partir; la entrada se paga si se pasa la tranquera y se inicia la visita guiada.

 

Centro de rescate

A los costados del albardón, agua, ceibos, pastos; un lagarto overo cruza rápidamente; un carpintero pasa veloz; una tortuga se deja ver descansando.

Desde hace 3 años, la reserva tiene un centro de rescate de fauna. “Surgió la necesidad porque aparecieron animales y la Fundación quiso dar respuesta a la comunidad de Tigre”.

Reciben decomisos de la feria de Pompeya; los vecinos los llaman cuando se encuentran con animales silvestres. “Nos transformamos en referentes de esta zona, somos el primer centro habilitado de la provincia de Buenos Aries”, mencionó Marina y anticipó que el sector donde están los animales rescatados no se visita.

“La ley no permite que se exhiban animales rescatados porque si se hiciera, nos convertiríamos en un zoológico. Además los animales no deben acostumbrarse a tener contacto con las personas porque volverán a la naturaleza”.

Todo tipo de aves, carpinchos, gato montés, comadrejas, monos van pasando por distintas etapas. Si necesitan medicamentos y/o comida especial, se les provee; cuando están en condiciones, pasan a los recintos de presuelta donde terminan su adaptación y luego a la naturaleza!

En este momento tienen un tucán que será llevado a Misiones, donde la Fundación Azara tiene otra reserva; cotorras con sus cabecitas desteñidas porque los vendedores les ponen agua oxigenada para venderlas por loros; urracas, carpinchitos, gatos montés.

“El año pasado recibimos, en un solo día, 360 aves”, contó Marina. Esto pasa porque todavía hay gente que quiere tener una calandria! Qué locura! Las aves han nacido para estar en libertad, para volar de un lugar a otro. El que quiere ver aves, debe asociarse a un Club de Observadores de Aves (COA), seguramente disfrutará mucho.

Tanto Marina como los voluntarios tienen mucho trabajo: todos los días hay que limpiar las jaulas, alimentar a todos los animales, medicarlos; si son muy pequeños, hay que darles de comer en la boca; luego hay que pasar a la alimentación que encontrarán en la naturaleza. “A veces, para largarlos, hay que esperar la época de celo, porque se vuelven más salvajes. No hay una receta”.

El año pasado apareció, en un árbol, en Tigre centro, una comadreja; el COT la rescató y la llevó a la reserva. “La comadreja es un marsupial, tenía 6 crías en la bolsita. Estuvo aquí unos pocos días porque estaba bien, enseguida la largamos”.

Marina explicó que ésta es zona de comadrejas; ellas viven en los árboles y tienen costumbres nocturnas. Jamás les harán daño a las personas, por el contrario nos generan un beneficio ya que comen roedores, cucarachas, insectos varios.

“¡Qué bueno que se encontró una comadreja en el centro de Tigre porque es un signo de salud ambiental tener esos animalitos ahí!”, señaló la bióloga.

“Si alguien me llama de Nordelta porque tiene en su jardín un carpincho, le voy a decir que no se traslada porque ése es el hábitat natural del carpincho. En tal caso que se mude el señor. Éste es el trabajo de educación que hay que hacer”.

Todos los pequeños mamíferos autóctonos de esta zona, pueden convivir con nosotros; ellos no se meten con los humanos. Es muy importante no rociar con venenos las plantas, pastos, etc. porque allí, entre pastizales, copas de árboles, arbustos, viven muchos animalitos que, aunque usted no lo crea, favorecen nuestra propia existencia. Además hay que controlar al Municipio para que no use insecticidas ni pode árboles; el Municipio debe hacer el mantenimiento de todos los espacios verdes y esto significa REGAR para generar vida.

La reserva Delta Terra tiene 20 hectáreas, pero como el centro de isla no es de nadie, los animales liberados tienen un potencial de uso de 40 hectáreas. El perímetro de la reserva está alambrado para evitar que ingresen los perros abandonados que atentan contra la fauna silvestre. En algunos casos, este alambrado generó malestar con vecinos, pero, cuando se pudo hablar con ellos, fueron entendiendo. Aun así, Marina expresó que “la comunidad isleña no es fácil” y lo dijo una profesional que, además de ser muy didáctica, tiene gran experiencia: trabajó en muchas provincias y sabe que todo proyecto de conservación debe integrar a la comunidad.

Todos los isleños están invitados a conocer el lugar y no tienen excusa ya que, para ellos, la entrada es gratis. Delta Terra está abierta al público de viernes a domingo; la entrada cuesta $130 y los menores de 6 años entran gratis; jubilados y niños entre 6 y 12 años, pagan $100.

Tomar contacto con la naturaleza y colaborar con una obra que cuida nuestro patrimonio natural, está a 30 minutos de lancha.

 

En el Plan de Manejo del Delta, existe la figura del Observatorio Ambiental del Delta de Tigre. Para realizar alguna actividad relacionada con este observatorio que aún no se ha implementado, el Municipio de Tigre, a través de un convenio, aporta fondos a la Fundación Azara para que realice un monitoreo de biodiversidad. “Hacemos relevamientos de aves, mamíferos, peces, vegetación. Descubrimos dos especies de peces que no se sabía que existían acá. Una de ellas estaba registrada en Uruguay y la otra tenía el registro más cercano en Corrientes. Esto evidencia que aún hay mucho para investigar”.