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Escrito por Mónica Carinchi   
Miércoles, 01 de Noviembre de 2017 15:22

Observatorio de los Humedales Delta. Sobre el Anguilas, que ya no es más un arroyo angostito y serpenteante, sino un ancho río formateado por colony park, se está levantando el Observatorio de Humedales Delta. En una jornada de trabajo se reunieron los integrantes de la Cooperativa de Junqueros Isla Esperanza, investigadores, ambientalistas. Osvaldo Arroyo, un islero que lleva toda una vida trabajando en esa zona, nos contó su experiencia a partir de la llegada de colony. El investigador Gerónimo Valle recordó a su maestro y amigo Fabio Kalesnik.

 

“El Anguilas nacía en el Vinculación y llegaba hasta el San Antonio. Tenía muchos meandros y era angostito, por eso le pusieron Anguilas. No se quedaba sin agua, aunque no era profundo. Era el arroyo por donde se sacaba la madera. Cuando aparecieron las máquinas, pensamos que iban a desmontar sobre el Vinculación porque había un monte con árboles altísimos. Después vimos otra máquina y otra y empezaron a dragar del Vinculación para adentro del Anguilas. Después vimos que estaban haciendo terraplenes, entonces pensamos ‘estos nos vienen a invadir´. Trabajaron tan rápido!!!”. Así rememoró Orlando Arroyo el inicio del arrasamiento, a manos de colony park, de ese sector de la 1° sección de islas del Delta de Tigre. Orlando vive en la isla desde sus 13 años y ya hace 10 que le está poniendo el pecho a este conflicto.

“…abriéndose y contorneándose suavemente hasta la desembocadura, serpea, oculto en las primeras islas, el arroyo Anguilas. Después de la última curva, el río abierto aparece de pronto, rizado por el viento. A pesar de su inmensidad, allí las aguas son muy poco profundas. Desde la desembocadura del San Antonio hasta la desembocadura del Luján es todo un banco. El Anguilas vuelca en la mitad de ese banco, entre una llanura de juncos”. En 1962, Haroldo Conti publicaba su primera novela, Sudeste, donde retrata a un vagabundo fluvial, cuya vida es perturbada por aviones militares. Casi 50 años después, los hombres de carne y hueso que hicieron de ese lugar el centro de sus vidas, fueron perturbados por una maldita idea: transformar la naturaleza para imponer la lógica urbana en las islas.

Los que empuñan las armas (léase en este caso máquinas) siempre son de la misma extracción social que aquellos a los que apuntan. “Los que laburaban, nos veían y decían ‘ahí vienen los isleros crotos’. Uno se sentía mal, porque ellos también son isleros. Lo hacían para que nosotros nos pusiéramos violentos, pero no lo lograron nunca”. Y Osvaldo Arroyo miró lejos y, probablemente, su pensamiento trabajado por el viento y la sinrazón, se estrelló en aquellos días furibundos.

“En la entrada del Anguilas, la draga Pentamar dragó 21 metros, porque nosotros lo medimos con un cabo. Entonces hicimos la denuncia en la Prefectura y se armó la bronca porque se estaba viniendo todo abajo”. El entusiasmo volvió al relato de Osvaldo, pues las injusticias hacen que la sangre se caliente. “Cuando estaban dragando, el agua no se podía usar ni para lavar la ropa, salía toda gris, era un barro con olor a podrido. Del Anguilas sacaron conchilla blanca y eso es cuando se llega al agua salada. Un día juntamos un poco del barro que salía de la draga y le llevamos a la Jueza, para que viera que habían llegado al agua salada, por eso se paró la obra”.

Las islas quedaron arrasadas: por el ruido de las dragas, los animales huyeron; destruyeron el bosque; se alteró la hidrogeomorfología; se produjo el desalojo de las familias que allí vivían, quemando sus casas; se cerraron desagües naturales y abrieron cursos artificiales; se sobreelevó el terreno 7 metros. En síntesis, se comprometió la integridad estructural y funcional del ecosistema.

 

Los ojos más allá

El mega emprendimiento inmobiliario quedó frenado por la justicia federal. En esa situación, llegó Gerónimo Valle, que eligió el lugar para hacer su tesis de Licenciatura en Medio Ambiente. Su director de tesis fue el Dr. Fabio Kalesnik.

“Conocí a Fabio en un foro sobre la Reserva de Biosfera, 6 meses antes de la audiencia pública por colony”. Se reencontraron en la audiencia y Gerónimo aprovechó para presentarse y decirle que quería hacer la tesis con él. El Dr. Kalesnik, íntimamente vinculado al Delta del Paraná ya que integraba el Grupo de Investigación en Ecología de Humedales y el Comité de Gestión de la Reserva de Biosfera, no tardó en decir que sí.

Juntos fueron, entonces, a esas tierras arrasadas en busca de muestras. “Fabio me cuidaba mucho, me decía que no fuera solo a colony, pero yo a veces…”.

En todo ese tiempo, además de aprender, Gerónimo fue consolidando una gran amistad con su maestro. “En todo este proceso aprendí muchísimo de Fabio, por lo cual le agradezco enormemente”. Durante la Jornada y Campamento de Construcción del Observatorio de Humedales Delta, el 16 de septiembre, Gerónimo recordó a Fabio Kalesnik, fallecido el 16 de julio: “Fabio está acá, entre estos árboles”.

“Qué tal si deliramos por un ratito / qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia / para adivinar otro mundo posible”.

Estuvo en esa jornada la esposa de Fabio, Paula Vicio, quien destacó: “Siempre fue un tipo luchador, en la ciencia, en la docencia, en el gremio y también con su enfermedad”.

Fabio Kalesnik vive en el corazón de todos los que aman los pájaros, los árboles, el río. (continuará).