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Transformaciones que perjudican a los vecinos históricos PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   
Lunes, 23 de Octubre de 2017 01:31

Villa La Ñata tiene el encanto de los pequeños pueblos con veredas de tierra y pasto, calles con mejorado, ausencia de semáforos y casas bajas con mucha arboleda. Conservar este encanto será trabajo de los habitantes del lugar; mejorar las condiciones de vida, manteniendo estas características, tendría que ser obligación del estado municipal, pero…

Caminando por Mitre, la calle principal del pueblo, hacia el puente Eva Perón, se llega a Rivadavia; girando allí a la derecha… los reclamos son muchos.

Sobre la mano izquierda de Rivadavia viven varias familias; una zanja con agua turbia se extiende por los frentes de las casas. “El agua de toda La Ñata desemboca acá”, coincidieron todos los entrevistados.

“La zanja no la limpian, el pasto no lo cortan, la basura la llevamos nosotros porque acá no entra el basurero”, explicó Oscar Leguizamón. A todo esto, hace 3 años, se sumó el taponamiento de la zanja y la construcción de un terraplén de 2 metros sobre la vereda de enfrente: una vieja quinta, abandonada durante muchos años, fue devastada para transformarla en un loteo con una laguna en el centro que, según dicen, no será un barrio cerrado, pero ya está perjudicando a los vecinos preexistentes como si lo fuera.

“Antes, eso era un reservorio; ahora, con lo que hicieron, el agua no se puede distribuir, entonces se junta en la parte más baja que es donde vivimos nosotros”, dijo Carlos, que vive allí desde 2001.

La quinta se extendía desde la calle Mitre casi hasta el arroyo Carolino o, quizás, hasta el arroyo mismo. Aparentemente hay allí un espacio confuso donde estaría incluida una calle pública que nunca estuvo abierta (pero figura en los papeles) y ahora habría quedado dentro del nuevo barrio. Siguiendo los parámetros actuales de construcción, la quinta se transformó en tierra yerma, ni un arbolito quedó en pie; también talaron los árboles de la calle, que funcionaban como una barrera contra el viento. “A nosotros eso nos perjudicó, porque ahora el viento nos mueve la parte de arriba de la casa, que es de madera”, contó Jorge. (continuará en el número de noviembre)