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Una forma de agresión: la poda PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   
Viernes, 23 de Junio de 2017 11:28

Un día de un árbol es un día del mundo. La poda es una técnica que se aplica a los árboles frutales, equivocadamente se ha trasladado a los árboles urbanos. Cuándo y cómo podar. Técnicas específicas requieren personal capacitado. Agradecemos la información provista por el ingeniero agrónomo Edgardo Casaubon.

 

“Uno piensa que los días de un árbol son todos iguales. Sobre todo si es un árbol viejo. No. Un día de un viejo árbol es un día del mundo”

Mucho antes de que las ciudades ocuparan el centro de la vida de millones de personas, hombres y mujeres vivían en contacto con la Naturaleza, reconociéndose parte de ella. Las costumbres fueron cambiando, pero los seres humanos seguimos siendo parte de la Naturaleza, aunque algunos no lo adviertan. Aun así es necesario respetar a quienes estamos unidos indisolublemente: los árboles.

“Por debajo era un árbol húmedo de largas y húmedas ramas nacaradas que penetraban en la tibia noche de la tierra. Por ahí vivía y sentía el árbol, por ahí su día era un día del mundo, porque la tierra que palpitaba debajo de él le enviaba toda clase de señales…”

El árbol siente y la Tierra siente, igual que nosotros; debemos ser, en consecuencia, cuidadosos con ellos. Millones de imágenes de bosques hacen el disfrute de seres humanos que se dicen “cómo me gustaría estar ahí”. Pero como los árboles son generosos, acompañan a las personas en las ciudades, aunque muchos atentan contra ellos. Pues, efectivamente, la poda es una forma de agresión, ya que provoca en el árbol heridas por las cuales ingresan plagas.

Debemos partir de un concepto básico: si viven en su hábitat natural, los árboles no necesitan poda; en consecuencia, si en la ciudad se realizan, las podas deben ser estrictamente necesarias.

¿Qué se poda? Ramas secas, muertas o dañadas; los renuevos, es decir los brotes que salen desde la raíz; las ramas superpuestas. La poda debe mantener un volumen de hojas y ramas que produzcan la savia necesaria para alimentar al árbol.

Cuando se realiza una poda, debe conservarse la forma del árbol, o sea que no se deben mutilar las ramas. Existen técnicas de poda, por lo cual este trabajo debe realizarlo una persona capacitada.

Si se requiere una intervención sobre el árbol, hay que tener en cuenta los siguientes criterios: a) ramas de menos de 5 cm. de diámetro, se pueden podar; b) ramas de 5 a 10 cm. de diámetro, ¡ojo! Pensarlo dos veces; c) ramas de más de 10 cm. de diámetro, ¡podarlas sólo por una buena razón!

¿Cuándo se puede podar? Cada especie tiene su indicación, por lo tanto no se puede podar indiscriminadamente.

“… allá por septiembre, memoria y suceso se juntan en el tiempo y un dulce cosquilleo sube desde la oscuridad de la tierra, reanima su piel, desentumece las ramas y el viejo álamo carolina se brota nuevamente de verdes ampollas”.

Cuando se mutila un árbol argumentando que se quiere evitar que alguna rama caiga, provocando un accidente, se comete un grave error: alrededor de la herida de poda se activan yemas latentes que provocan rebrotes de débil inserción, a una altura de mayor exposición a los vientos y anclados en tallos con cavidades en proceso irreversible de deterioro estructural. Por lo tanto, en lugar de reducir un peligro, se ha aumentado, ya que las nuevas ramas pueden romperse con más facilidad.

Un árbol es un ser vivo y, como tal, cumple un ciclo vital: caída y renovación de follaje. Si nos gusta ver fotos de calles tapizadas por hojas doradas, por qué motivo no podemos tolerar las hojas desparramadas por nuestras veredas?

Todos los seres vivos provocan molestias, también nos dan grandes satisfacciones.

“… una montera armó un nido en la horqueta de la última rama. Cortó y anudó ramitas pacientemente y así el álamo se convirtió en una casa, supo lo que era ser una casa, el alma que tiene una casa…”.

Sabemos que la OMS recomienda, para las ciudades, 10 m. cuadrados de espacio verde por habitante; sabemos que los bosques urbanos son imprescindibles, pues el cambio climático hace que el recalentamiento de las urbes vaya en aumento, generando graves implicaciones para la salud, entonces… por qué motivo no cuidamos nuestros árboles? Por qué motivo no exigimos que se planten más? Por qué no tomamos la iniciativa de cuidar los que ya viven en nuestras veredas?

“El hombre bajó del caballo y penetró en la sombra. Se quitó el sombrero cubierto de tierra, después de mirar hacia arriba y aspirar el fresco que se descolgaba de las ramas, y se quitó el sudor de la frente con la manga de la camisa. Después el hombre, que parecía tan viejo como el viejo álamo carolina, se sentó al pie del árbol y se recostó contra el tronco. Al rato el hombre se durmió y soñó que era un árbol”.

 

Foto: Un árbol descabezado en las calles de Tigre centro