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Escrito por Mónica Carinchi   
Domingo, 28 de Mayo de 2017 23:44

Los árboles son seres vivos que necesitan cuidado. A partir de la destrucción de la arboleda porteña iniciada por el gobierno PRO, María Angélica Di Giacomo inició una lucha por el cuidado de un bien que es esencial para la vida humana. Observar los árboles y sus necesidades en lugar de podar indiscriminadamente es la recomendación de esta Lic. en Química que advierte sobre la ruptura de uno de los principales eslabones de la vida en el planeta. La ignorancia de unos y el interés por hacer negocios de otros, está convirtiendo la ciudad de Buenos Aires en un lugar hostil y violento.

 

“Mi madre y yo lo plantamos…/ Fue mi padre quien lo trajo…/ Mi árbol brotó, mi infancia pasó / hoy bajo su sombra que tanto creció / tenemos recuerdos mi árbol y yo”. Seguramente muchos lectores recuerdan esta canción de Alberto Cortez; en ella se enlaza la vida de un árbol y la de una persona, la suya, que en este momento está tarareando la canción.

“Existe un patrimonio intangible que es el de nuestros recuerdos. Si nos destruyen los recuerdos, porque se destruye el patrimonio arquitectónico, cultural, los árboles de la cuadra, entonces se destruye el patrimonio intangible y terminamos por sentirnos ajenos a la ciudad. Esto no es deseable, pero es lo que nos está pasando”, dijo María Angélica Di Giacomo, una porteña que, desde 2010, lleva adelante una lucha incansable por los árboles de la ciudad de Buenos Aires, que están siendo destruidos porque se convirtieron en un negocio más del gobierno PRO.

Este caso es un modelo de lo que no se debe hacer con la arboleda urbana; sirve, entonces, para que cuidemos nuestros propios árboles.

 

Cuidar en lugar de podar

“Ahora digo / limpio de corazón, los ojos puros / el nombre de los árboles de la tierra que habito, / su alta serenidad, su lenta sombra / y su resina cristalina y triste”, dice el poeta Manuel Castilla, en su libro Esta tierra es hermosa.

Así es nuestra tierra, hermosa y pródiga; nos regala el algarrobo, el chañar, el lapacho, el ombú, el ceibo, el sauce criollo. Algunos los vemos en las veredas, pero…” en Buenos Aires están podando árboles indiscriminadamente. En las comunas porteñas, el presupuesto más caro es de poda y arreglo de veredas. Plantan árboles pequeños que a los 3 o 4 años, podan, por lo cual pronto morirán. Por lo tanto pondrán otro árbol, o sea que comprarán otro árbol que cuesta $1500; en 2016 estaba presupuestado $7000 por cada árbol podado, $15.000 por cada extracción. Entonces podan los árboles viejos, además plantan un árbol, lo podan, no lo cuidan, a los 5 años o menos se mueren, vuelven a poner otro. Es un negocio redondo. Han visto el negocio donde nadie antes lo había visto”, denunció María Angélica.

La moda de podar los árboles viene de los frutales. Pero los árboles de alineación, es decir los que están en nuestras veredas, no necesitan ser podados. “Dado que no pueden tener ramas desde abajo, en el vivero les hacen una poda de formación; no se les debe cortar el ápice, porque si se corta, el árbol crece a lo ancho y no a lo alto. Con estos cuidados iniciales, sólo se podan las ramas que se secan o las que están enfermas y para esto hay que observar cada árbol. No se puede hacer una poda sistemática a todos los árboles de la cuadra”.

Puesto que no se entiende que el árbol es un ser vivo que debe ser cuidado y que cada especie tiene su particularidad, entonces se los maltrata podándolos y así se produce la muerte del árbol por dos causas: 1) a través de sus hojas, hace fotosíntesis, produciendo oxígeno y también su propio alimento, pero al cortarle tanto follaje (en algunos casos el 80%) no logra fabricar todo el alimento necesario para su propia vida; 2) los enormes agujeros que les dejan les provocan un estrés bioquímico que impide que hagan el proceso de compartimentalización, entonces por esos agujeros ingresa el agua de lluvia, las plagas, las bacterias, enferman y mueren.

“La mayoría de la población desconoce este problema ocasionado por la poda”, insistió la entrevistada. A esto debemos agregar que todos los seres vivos somos parte de una cadena biológica y “no comprenderla nos lleva a nuestra propia destrucción”.

 

Basta de cemento!

Además de darnos sombra, los árboles producen oxígeno, absorben dióxido de carbono (uno de los causantes del calentamiento global), contaminantes atmosféricos, el exceso de agua; amortiguan ruidos y la contaminación visual; generan sosiego espiritual.

“En general la gente no mira los árboles, pero en verano todos buscan la vereda donde hay sombra de árboles para caminar, porque la sombra de una pared no es igual. La piedra / cemento refleja la radiación que recibe, en cambio el árbol absorbe la radiación porque con esa energía hace fotosíntesis. Si no hay fotosíntesis porque no hay árboles, se está rompiendo uno de los eslabones principales de la vida en el planeta”, explicó María Angélica, que es Lic. en Química.

Muchos vecinos piden que se poden los árboles porque les molestan las hojas que caen pues las ven como suciedad, sin embargo, después salen con sus perritos que también ensucian y no llevan bolsitas para levantar la caquita. “Todos los seres vivos ensuciamos y todos los seres vivos necesitamos cuidados. Los árboles que están en las veredas deben ser cuidados porque sufren mucho estrés. Hay que pensar que la ciudad no es el lugar natural del árbol. Pero los humanos los necesitamos, por lo tanto los debemos cuidar”. Efectivamente, no podemos privilegiar un cartel o una baldosita. “Las raíces necesitan agua y también necesitan respirar, en consecuencia no se deben poner baldosones o kilos de cemento alrededor del árbol, hay que dejar un buen cantero, pues el cemento provoca que las raíces, en su búsqueda de aire, salgan cada vez más para arriba”. María Angélica puso el ejemplo de Nueva York, donde hay veredas onduladas por las raíces y nadie intenta matar al árbol; en esa ciudad, en 10 años, plantaron un millón de árboles.

El desconocimiento que tienen los funcionarios públicos sobre la gestión de una ciudad, incluyendo el arbolado público, puede ser desastroso: “Si un árbol está rodeado de cemento, cuando hace mucho calor, recibe toda la radiación en la parte de abajo de la hoja que no está preparada para eso. Así muchos árboles también mueren”. Hay que tener mucho cuidado con embaldosar como se hizo en el paseo Lavalle, en Tigre; los plátanos de esas veredas ya no son los mismos, han sufrido por la intensidad del calor que emanan las baldosas. En un paseo se debe poner pasto y una sola línea de baldosas para las personas con movilidad reducida; ¿qué madre llevará a un niño en verano a la plaza si están cementadas?

El trastorno por déficit de naturaleza es uno de los problemas surgidos en las grandes ciudades. “La invasión de edificios, la escasez de espacios verdes, el aumento de la contaminación, hacen que Buenos Aires sea cada vez más hostil y sus habitantes más violentos. El verde produce sensación de paz y armonía y Buenos Aires está muy por debajo de lo estipulado por la OMS en cuanto a espacios verdes”.

Las personas necesitamos plazas, parques, bosques; el verde cemento o el verde plástico, enferman; además, las funciones que cumple el espacio verde absorbente no son cumplidas ni por una terraza ni por un patio ni por los canteritos. “Hay muchas oportunidades perdidas, porque pequeños espacios verdes donde se hubiera podido plantar un árbol, fueron ocupados por una escultura”. Ojo, a los tigrenses nos pasa lo mismo, lugares que pueden ser ocupados por un árbol nativo, son ocupados por una palmera.

 

Falta sensibilidad

“La gente se sensibiliza frente a la extracción, pero no frente a la mutilación, creen que eso es un procedimiento normal. Debemos lograr que la gente se preocupe y actúe por la poda que es la destrucción lenta del árbol”.

En 2012, Buenos Aires tenía  417.000 árboles; con la mutilación provocada por el gobierno “actualmente hay muchos menos. Necesitaríamos 400.000 árboles más. Hay que preguntarse cuántos árboles hay que plantar para compensar la pérdida de un árbol de 80 años, hay que hacer el cálculo de cuántas hojas tiene un árbol de esa edad, qué fotosíntesis puede hacer y recién ahí calcular cuántos arbolitos se necesitan. En Santa Fe hubo un caso de un vecino que sacó un árbol de 80 años y un juez lo obligó a plantar 800 árboles. Es decir que no es como se cree que por un árbol, tengo que plantar otro, lo que se debe recuperar son todas las hojas que hacían fotosíntesis”.

Teniendo en cuenta este dato, ¿cuántos árboles se deberían plantar para suplir los 9 que se mutilaron en Luis Pereyra entre Vilela y Juncal? ¿Y los que mutilaron sobre Luis Pereyra y el Pasaje Valle? ¿Y los 3 que se mutilaron en un predio privado en Chacabuco, casi Cazón? En el mundo actual, con el desastre climático que avanza a pasos agigantados, el Municipio está obligado a cuidar los árboles y los vecinos no pueden hacer cualquier cosa, ni en las veredas ni adentro de sus terrenos, hay que comenzar a legislar sobre eso.

Como todo ser vivo, el árbol necesita agua, por lo tanto no se debe esperar a que llueva, hay que regarlo todos los días; ¿pueden hacerlo los vecinos? Claro que sí, hay que informarlos al respecto, visitarlos, incluso alentarlos con descuentos en el ABL para que se ocupen de embellecer los canteros de sus veredas; los árboles son el cobijo de las aves, también debemos pensar en eso. ¿Qué busca la gente cuando se va de vacaciones? Naturaleza! Entonces, por qué no se generan condiciones favorables para la vida de todos los seres vivos en los lugares que frecuentamos permanentemente, es decir, nuestras veredas. “Si toda la plata que se pone para destruir los árboles de la capital federal se pusiera para cuidarlos, tendríamos una arboleda hermosa”, comentó María Angélica.

En 1855, el Jefe Seattle de la tribu Suwamish escribió: “La tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. Todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia”.

Si alguna vez pensaste en donar un órgano, acordate de que el árbol, en todo momento, te está donando oxígeno.

 

Quienes estén interesados en conformar una Red de Amigos de los Árboles, pueden comunicarse con María Angélica Di Giacomo a través de su Facebook Basta de mutilar nuestros árboles


Foto: Mutilación: Ejemplo de lo que no se debe hacer en las calles de Tigre