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Potenciar la parte luminosa de las personas PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   
Viernes, 26 de Mayo de 2017 00:41

Tigre tiene Biodanza. Los facilitadores de Biodanza, India Gorosito, Carlos Lavigna y Javier Tini, nos introducen en el mundo de esta disciplina que contacta con la alegría, la vitalidad y el disfrute de la vida. El creador de la Biodanza fue el chileno Rolando Toro; actualmente es un movimiento mundial. No se trata de una técnica de danza, sino de la integración del sentir y el hacer.

 

Movimiento, música e interacción grupal son los ingredientes esenciales de la Biodanza. Creada en los años 60 por el antropólogo y psicólogo chileno Rolando Toro, en la actualidad se practica en todo el mundo.

“Somos muchísimos danzantes en el mundo”, asegura Carlos Lavigna, un facilitador de Biodanza que forma parte de la agrupación Tigre tiene Biodanza, porque, en nuestro pago, también hay danzantes.

Vivimos en un universo que está en constante movimiento, o sea que está en una constante danza; también nosotros, cuando vamos al encuentro de un ser querido, cuando extendemos nuestro brazo para acariciar a alguien o balanceándonos de atrás hacia adelante para acunar a un niño, estamos realizando movimientos plenos de sentido que nos contactan con otro en el cuidado y la ternura.

“Para nosotros, el movimiento es expresión de vida y es una danza. Las danzas que hacemos, hacen referencia a situaciones de la vida cotidiana. Esta danza es un movimiento que conecta con las emociones, integra lo afectivo con el movimiento, conduce a percibir la vida de una manera distinta”, explica India Gorosito.

Es muy común sentir una cosa y hacer otra, incluso contradictoria; esta divergencia puede provocar graves consecuencias a nivel físico y mental, por eso Javier Tini resalta que Biodanza “va integrando el sentir, el pensar y el hacer, pero nosotros nos focalizamos en el sentir y el hacer. Vamos potenciando la parte sana y luminosa de las personas, entonces uno va disminuyendo sus zonas poco luminosas. Éste es un trabajo personal, pero a través de un camino grupal”.

“Esto no es una terapia porque no se basa en el conflicto”, agrega Carlos, “pero sí tiene efectos terapéuticos”.

 

El contagio de la alegría

La Biodanza tiene un alto potencial de transformación. “Cuando la gente empieza a hacer Biodanza, comienza a sentirse bien, tienen una actitud de más alegría, de más ganas de vivir”.

Así lo explica India: “Además del poder que la música tiene sobre el organismo, en cada encuentro estimulamos ecofactores positivos: la palabra poética, la música vital, la vivencia de la relación humana. Entonces, si la persona llega con angustia, deprimida, con tristeza, hará su movimiento personal y también irá entrando en la dinámica grupal. Está comprobado que si uno comparte con una persona que está bien, se va a contagiar”.

Como los encuentros son por la tarde/noche, “son muy reparadores porque las personas llegan después de una jornada de trabajo y la música los renueva energéticamente. El que llega cansado, se va revitalizado”.

La vida urbana está plagada de exigencias y estereotipos que “endurecen” a las personas, entonces para recuperar la vitalidad, la autenticidad y descubrir todas las potencialidades ocultas, Carlos nos invita a un banquete: “Cada encuentro reconecta con lo que uno desea, con lo que sueña. Vamos variando las danzas para activar distintos potenciales, vitalidad, creatividad, trascendencia. Entonces, con su inteligencia biológica, cada uno absorbe lo que está necesitando. Armamos un banquete para que las personas tomen lo que necesitan”.

Cuando una persona logra conectarse con sus potenciales de vida, se transforma en agente de salud. “No es lo mismo recibir a una persona tóxica, deprimida, descalificadora, que recibir a una persona conectada con la felicidad, que irradia alegría. Esto contagia”, precisa Javier.

 

Gestos de vida

Mientras que la tendencia educativa actual favorece las relaciones competitivas, la Biodanza promueve el cuidado hacia el otro, la atención amorosa a ése que está a nuestro lado. “Nuestra identidad es relacional, somos en base a los que estamos, percibimos la necesidad o el aporte del otro”, dice Carlos, integrando con sus gestos y su mirada a todos los presentes.

La Biodanza no sólo busca la integración afectivo-motora, sino también la integración grupal, favoreciendo el surgimiento de vínculos sinceros.

“En cada encuentro”, explica India, “priorizamos la vinculación desde la mirada, el contacto, el abrazo fraterno, la caricia, como gestos de vida. Entonces, en lugar de tener un encuentro desde la razón y la lógica, iniciamos a partir de esos gestos que acercan a las personas”.

Debido a esta capacidad para generar ambientes distendidos, la Biodanza se adapta al trabajo en instituciones. “Si se puede iniciar una reunión formal con un encuentro de Biodanza, las personas vinculan desde la empatía y cambia el resultado de cualquier reunión”.

Seguiremos contagiándonos de bienestar en la próxima edición.

 

Foto: La danza armónica que renueva la vida.