Inicio Historia Y por fin llegó el adoquinado
Y por fin llegó el adoquinado PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   
Viernes, 19 de Mayo de 2017 18:54

Década de 1920 y las transformaciones de la localidad de Victoria. Adoquines, alumbrado eléctrico, agua corriente y una plaza señorial.

 

La localidad de Victoria tuvo sus inicios con la construcción de la estación, en 1891. El poblado fue creciendo con sus calles de tierra, hasta que - a partir de 1923 - las administraciones radicales encararon un programa integral de adoquinado.

En marzo de dicho año se iniciaron los trámites para la licitación del adoquinado de las calles más cercanas a la estación y rápidamente se puso manos a la obra. Un año después, se organizaron comisiones de vecinos encargados de controlar las obras; surgió, entonces, el cargo de “inspector de adoquinado”.

Cuando llegó la década del 30, Victoria tenía la mayoría de sus calles adoquinadas y sus vecinos ya podían descansar de los innumerables problemas que ocasionó la obra.

Paralelamente, se realizó la construcción de veredas y el tendido de alumbrado eléctrico, que se dividió en 4 categorías, según la potencia de bujía de las lámparas. El agua corriente llegó sólo al centro de la ciudad, en tanto, en los barrios más alejados, convivían los pozos con los aljibes.

Otra mejora importante para esta localidad fue la construcción de la plaza Manuel Dorrego, para lo cual se expropió el terreno que ocuparía.

Una comisión integrada por propietarios de quintas de la ribera y vecinos notables del pueblo, colaboró con las obras de iluminación. En mayo de 1926 se creó el cargo de guardián de la plaza Dorrego, siendo el primero Martín Otamendi.

La plaza, inaugurada en 1926, se convirtió en un espacio de encuentro, donde se desarrollaron eventos religiosos, patrióticos y populares.

Durante la intendencia de Adolfo Arnoldi, se le agregó una glorieta, provista de escalinatas y balcones. Lamentablemente, en 1944, la glorieta fue demolida y en su lugar se colocó un busto del coronel Dorrego.

 

Fuentes: De Punta Chica a Victoria, Héctor Mario Segura Salas.

Crónicas Victorianas, Nazareno Atilio Scialpini

Foto: Plaza Dorrego, 1944