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Escrito por Mónica Carinchi   
Viernes, 19 de Mayo de 2017 18:49

Un año más sin reparación histórica. Desde hace 5 años, el Movimiento en Defensa de la Pacha se hace presente en el Paseo Victorica para visibilizar una de sus causas: cambiar el nombre de dicho paseo. Cada año, el número de participantes en la actividad crece, como también el interés que muestran los transeúntes. Además de música y puestos artesanales, hubo oradores que hablaron sobre distintos aspectos de la vida y lucha de los pueblos originarios en nuestro país; la abogada Paula Alvarado expuso sobre la causa judicial de Napalpí y Rincón Bomba.

 

Un año más, el Movimiento en Defensa de la Pacha estuvo presente en el Paseo Victorica para visibilizar una reivindicación histórica: cambio del nombre del Paseo Victorica dado que este general es responsable de la masacre y humillación de cientos de indígenas que habitaban el Gran Chaco, zona geográfica que ocupan las actuales provincias de Formosa y Chaco.

En la actividad, llevada a cabo el 25 de marzo, estuvieron presentes artistas plásticos (Beba Paz), grupos musicales (Comunidad de Sikuris del Arco Iris, Jamani Sikuris, Savia Ancestral y otros), referentes de pueblos originarios (Santiago Chara - comunidad qom de Benavídez -, Nilo Cayuqueo – mapuche -, Enrique Mamani - kolla), referentes de organizaciones vecinales (Pablo Cremona - Casa Puente -, Ramón “Kilo” Herrera - Unidad Vecinal).

Las atrocidades cometidas por el Estado argentino no se limitan al siglo 19; durante el siglo 20 hubo dos masacres que han llegado a la justicia: Napalpí (1924) y Rincón Bomba (1947). A ellas se refirió la abogada Paula Alvarado, integrante de la Federación Pilagá y de la Red de Investigadores en Genocidio y Política Indígena.

 

Dos genocidios

Los indígenas del Gran Chaco que lograron sobrevivir a las matanzas y persecuciones de Victorica, fueron obligados a trabajar en condiciones de semiesclavitud. Fue por esto que, a 120 kilómetros de Resistencia, en la reducción indígena de Napalpí, en julio de 1924, se inició una huelga: los indígenas decidieron denunciar la explotación a la cual eran sometidos.

El movimiento pacífico que iniciaron indígenas y criollos molestó a los terratenientes que solicitaron la intervención del ejército, señalando a los huelguistas como “sublevados”, “peligro indio”, “malón”.

El 19 de julio, el ejército, durante la madrugada, comenzó a incendiar el bosque donde se resguardaban las familias. Al salir para evitar morir quemados, hombres, mujeres y niños se encontraron con fusiles que dispararon ininterrumpidamente por el lapso de 45 minutos. Balacera y degüellos terminaron con la población de Napalpí.

Debemos recordar que, a fines del siglo 19, la empresa inglesa La Forestal se instaló en la zona del Gran Chaco con el objetivo de explotar el tanino. A medida que fueron devastando los bosques nativos de quebracho, fueron surgiendo los sembradíos de algodón: mientras que en 1895, la superficie sembrada de algodón, en el territorio nacional del Chaco, cubría 100 hectáreas, en 1923 llegaba a 50 mil. Es fácil presumir, entonces, que detrás de la masacre de Napalpí se esconden intereses económicos, inmobiliarios y agrícolas.

“En 2011, la causa por las masacres de Napalpí y Rincón Bomba fue caratulada como delito de lesa humanidad. Esto es un avance en la causa. Pero nosotros sostenemos que es un genocidio porque fue la intención de matar y exterminar a pueblos indígenas”, explicó Paula Alvarado, la abogada que lleva adelante el caso.

En relación a la causa de Rincón Bomba, manifestó que, debido a que el único imputado - un gendarme de 97 años - murió en enero de este año, se transformó en un juicio por la verdad, que “son juicios que se llevaron a cabo en toda América Latina cuando no había imputados vivos”.

La especialista señaló que “casi todos los pueblos indígenas están buscando una reparación histórica que no tiene sentido económico, sino una reparación integral que abarca educación intercultural bilingüe, salud, recuperación de territorios”.

La Argentina adoptó el Convenio 169 de la OIT por lo cual está obligada a “respetar la importancia especial que para las culturas y valores espirituales de los pueblos interesados reviste su relación con las tierras o territorios, o con ambos, según los casos, que ocupan o utilizan de alguna manera y en particular los aspectos colectivos de esa relación”.

Napalpí, Rincón Bomba y, también, Punta Querandí están esperando que este Convenio se ponga en práctica.