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Escrito por Mónica Carinchi   
Lunes, 24 de Abril de 2017 00:47

Una olla popular en el Tren de la Costa. Desde que llegó la gestión macrista, todos los locatarios del Tren de la Costa, desde la estación Maipú hasta la estación Delta, han quedado expuestos al maltrato de funcionarios que nunca tuvieron intención de renegociar los contratos. Los trabajadores piden diálogo y negociación. Existen rumores de que quieren eliminar a los pequeños comerciantes para instalar grandes empresas o poner un metrobús. La Parrilla Delta, un emprendimiento familiar, resiste.

 

Desde el 2001, en la estación Delta del Tren de la Costa, funciona la Parrilla Delta, un emprendimiento familiar que da trabajo a 15 personas. Por aquel entonces firmaron contrato de locación con la empresa Nuevo Tren de la Costa S.A.

“Muchos locatarios tenemos contrato vigente con esa empresa, pero al estatizarse, había que hacer contrato nuevo. A los locatarios ni siquiera nos notificaron fehacientemente cuando esto se estatizó. De entrada, el Estado se manejó mal, porque la Sociedad del Estado, al principio, no tenía entidad jurídica, así que ni siquiera nos querían recibir los alquileres”, contó Gisela, propietaria de la parrilla.

O sea que en 2013, cuando los ferrocarriles se estatizaron, los locatarios debieron renegociar el contrato. “Con la gente de Randazzo habíamos llegado a un acuerdo para que nos hagan los contratos nuevos, pero eso quedó detenido cuando perdieron las elecciones”.

Sin contrato firmado, los agarró la gestión macrista que puso al frente de Ferrocarriles Argentinos a Marcelo Orfila, un ceo que, lo primero que hizo, fue subirse el sueldo a 200 mil pesos, en enero de 2016. Además, rescindió el seguro de los trenes con Seguros Nación y realizó una contratación directa de la aseguradora AON, del grupo SOCMA (de papá macri), motivo por el cual está imputado en una causa penal.

 

Sólo quieren trabajar

El coordinador comercial del Tren de la Costa es Carlos Quesada, quien, desde el principio, les demostró a los locatarios que no llegó para negociar.

“Las primeras veces que nos sentamos a conversar, nos hablaron de un alquiler de 40 mil pesos, que no podemos soportar porque éste es un negocio familiar que trabaja los fines de semana, que tiene 15 personas, que depende del tiempo porque, cuando llueve, no viene nadie”, explicó Gisela. Como Quesada no entiende estas razones, su respuesta fue: “¿Qué querés que te cobre?, ¿no viste lo que aumentó la luz?”. Para rematarla, como Gisela le comentó que los trabajadores quedarían desocupados, el coordinador comercial agregó: “A mí no me importa qué pase con los empleados, es problema tuyo”.

Una mancha más para la insensibilidad de los funcionarios macristas.

Sumado a estas escalofriantes respuestas, los trabajadores tuvieron que soportar que los citaran y los funcionarios no fueran, que les dijeran “hoy arreglamos y mañana cambió todo, que juntáramos papeles, los llevábamos, parecía que íbamos a firmar y después no. Fue un gran manoseo”.

Mientras todo esto sucedía, la parrilla siguió funcionando “gracias a la ayuda municipal”, pero, a fines de marzo, el Municipio recibió un oficio de Ferrocarriles Argentinos “preguntándoles por qué estamos abiertos si no tenemos contrato”.

Por esta situación de inminente desalojo, el primer fin de semana de abril, los trabajadores instalaron una olla popular frente a la boletería del tren. “Ya intentamos por todos los medios, no sabemos qué más hacer”, dijo la joven, con ojos lagrimosos.

Lo que piden los trabajadores es regularizar la situación, poder inscribirse en AFIP, facturar, “hacer las cosas como corresponde, queremos trabajar”.