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Injertando pasión en el Delta PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   
Viernes, 17 de Febrero de 2017 09:37

Recuperar el trabajo de los viejos pobladores para iniciar una nueva etapa de producción. Conservación y mejoramiento de material genético de ciruelos adaptados a las condiciones del Delta. Mejoramiento de mimbre. Recomendación a los productores isleños: diversificación y asociativismo. Manejo del agua con obras racionales.

Cuando en las primeras décadas del siglo 20, Francisco Cerrillo, después de un largo día de trabajo, encendía el farol y abría su libro de asiento de la mercadería que llevaba al Puerto de Frutos de Tigre, no sabía que estaba conformando un legado que, 90 años después, ayudaría a su nieta - Teresa Cerrillo - a recuperar información y recuerdos.

“En 1928, mi abuelo empezó el libro de asiento de los canastos que llevaba al puerto. Él me contaba que había una gran valoración de la calidad de fruta que se producía en la isla”, contó la ingeniera agrónoma Teresa Cerrillo, quien, desde hace unos años, se propuso la recuperación de los ciruelos adaptados al Delta.

“Nuestro primer objetivo es conservar este material genético porque es un material de ciruelos de América del Sur adaptado a nuestras condiciones, único. En otras partes del mundo se le da gran importancia a los recursos genéticos adaptados. No sólo tiene valor lo nativo, sino también aquello que está adaptado exitosamente”, especificó la ingeniera agrónoma.

 

Frutos con historia y valor comercial

En la quinta de David Chaco Gómez, Teresa detectó 15 variedades de ciruelos y 2 de duraznos. “Es uno de los últimos productores de oficio”.

De esta quinta obtuvieron yemas para propagación y aprovechando, entonces, el momento en que la fisiología de la planta está apta para el injerto, en la primera semana de enero se inició el proceso que, todos esperamos, se desarrolle exitosamente.

“Tratamos de recrear aquello que tiene valor comercial. Pero no pretendemos recrear esta actividad tal como fue porque las condiciones han cambiado”.

Seguramente los memoriosos recordarán la ciruela Reina Claudia, con un velo de seda que hace que la fruta no brille. “Mi abuelo me contaba que en el mercado de Mar del Plata se vendía muy bien”, dijo Teresa que recalcó el cambio de las condiciones, aunque también expresó su confianza en que muchas ferias locales tendrían interés en ofrecer este producto. Asimismo se debe tener en cuenta que en todo el mundo se está volviendo a la comercialización de productos locales, pues, entre otras cosas, se ahorra combustible.

Además de ciruelas, se pueden rescatar manzanas, duraznos. “El Sol de Mayo y el Zenanda son duraznos emblemáticos, ligados a la época de oro de la fruticultura”.

Desde luego que el trabajo que Teresa realiza en el Inta - junto a otros colegas - está al servicio de la comunidad. “Hay gente nueva que está interesándose en esto. Ahora es necesario que se interesen otros organismos o instituciones”.

El Municipio de Tigre podría hacer su parte: en estas mismas páginas ya dijimos que estas célebres variedades de ciruelas y duraznos deberían ser declaradas patrimonio cultural. Simultáneamente en el Puerto de Frutos habría que instalar un centro de documentación y museo de la vida isleña.

“Utilizaban canastos de mimbre que tenían las iniciales del productor, por ejemplo F.C., en color azul, las de mi abuelo; si en el mismo arroyo había otro productor con las mismas iniciales, le cambiaban el color”. Estos recuerdos deben ser pasados al registro escrito, pues también son patrimonio cultural.

 

Mejoramiento del mimbre

Especializada en el mejoramiento genético del sauce, Teresa Cerrillo ha podido transferir muchos de estos desarrollos al mimbre, ya que son del mismo género (salix).

Trabajando con semillas, en 2010 hizo los primeros cruzamientos controlados y en 2014 ya comenzó con las primeras selecciones. Empezó con 200 plantas, luego quedaron 20 y ahora está trabajando con 10. “Hay atributos que están presentes en algunos clones y en otros no, así van saliendo. Los mejores van dando lugar a que pueda seguir con la selección”.

La selección, desde luego, se hace con determinados criterios: crecimiento, sanidad, adaptación, aptitud para hacer artesanías, por ejemplo flexibilidad.

Para que el trabajo de selección sea cada vez más preciso, Teresa necesita recibir información de todos los actores de la cadena productiva y comercial. “Ya hicimos dos jornadas sobre mimbre. Son muy importantes porque se intercambia información”. No sólo son importantes, también son exitosas ya que hay mucha gente con ganas de participar.

 

Manejo del agua: racionalidad

Una de las recomendaciones del Inta para los productores isleños, es la producción diversificada. “Esto es lo que hacían los antiguos isleños. Nadie tenía el 100% de su quinta con fruta; en esa parte de atrás, donde los frutales no crecen, tenían forestación”.

Aún en quintas chicas - como es el caso de la primera sección - Teresa aseguró que es posible hacer un lote de sauce, otro de álamo, tener frutales y mimbre. “Incluso se puede tener un vivero de forestales, que da la posibilidad de vender todos los años”. De esta manera, el productor se asegura ingresos constantes a partir de producciones diferenciadas.

“Sería muy importante que trabajaran cooperativamente; podría rendirle, incluso, a la región. De esa manera se podría hacer manejo del agua, porque es más factible hacerlo en espacios más grandes”.

Dado que el manejo del agua es un tema tan sensible, se pidió a la entrevistada mayor información: “Primero tenemos que ver de qué zona del Delta hablamos. Cuanto más cerca del Río de la Plata estemos, el agua se va más rápido, entonces hay condiciones más beneficiosas pensando en la producción. Por supuesto, hablamos de álamos y sauces, que tienen adaptabilidad al lugar, no hablamos de cultivos agrícolas. Entonces haciendo obras racionales, donde se permita el ingreso del agua, no debería haber problemas. Los mayores problemas que se ven en la zona son por los emprendimientos inmobiliarios, no por los forestales”.

Teresa también habló de los estudios de impacto ambiental: “Deben tener en cuenta a la población estable local que tiene que vivir de algo, sin agredir al medio ambiente. Ahí toma relevancia el trabajo colectivo ya que permitiría hacer pequeños diques donde el agua, cada tanto, pasa. No puede estar pasando todo el tiempo, porque si no, sería imposible la producción. Son refuerzos del albardón”.

Para conservar la capacidad de esponja de la isla, es importante el ordenamiento predial. “El álamo debe estar en el albardón; el sauce, en la zona baja. Ésta es la distribución natural. De cualquier manera, hay que hacer obras de manejo del agua”.

Teresa señaló que hay gente preparada para hacer buenos proyectos. “Hay mucha gente local con mucha sabiduría. Es compatible la producción sin necesidad de hacer mega-obras. La propuesta es ayudar a los productores para que lleven adelante su actividad de la manera más sustentable posible”.

 

Foto: La ingeniera agrónoma Teresa Cerrillo en la parcela de nuevos mimbres del productor Baran