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Escrito por Mónica Carinchi   
Viernes, 10 de Febrero de 2017 01:31

Cátedra Libre de Ingeniería Comunitaria. No sólo desarrollan sus actividades en el ámbito académico, también están presentes en los territorios que solicitan su intervención. Relación entre agua, cloacas y salud pública. Necesidad de repensar la infraestructura sanitaria; incorporación de nuevas tecnologías. Para tomar contacto con la Cátedra, Facebook Cátedra Libre de Ingeniería Comunitaria.

 

Desde hace años, en distintas Facultades de la UBA han surgido Cátedras Libres. Su objetivo es difundir, reflexionar, discutir e investigar sobre temas de interés que no tienen un espacio en la currícula oficial. En estas cátedras tienen participación no sólo miembros de la comunidad universitaria, sino también actores de distintos sectores de la sociedad interesados en desarrollar un determinado conocimiento y, en algunas ocasiones, resolver problemas.

Sobre la Cátedra Libre de Ingeniería Comunitaria (CLIC), que en 2017 ya inicia su 3° año de trabajo, una de sus fundadores, la ingeniera María Eva Koutsouvitis, nos aclaró: “A esta cátedra la comunidad acude cuando necesita del apoyo técnico de la Facultad de Ingeniería. Entre todos tratamos de elaborar informes, plantear alternativas, propuestas, pensando en las causas y las soluciones. Cuando nos decidimos a armar esta Cátedra, entendimos que, para poder resolver determinadas problemáticas, es fundamental reflexionar con quienes padecen esos problemas. Reflexionar sobre las causas y su resolución, ese es el espíritu de esta Cátedra”.

Además de ser una cátedra universitaria, la CLIC desarrolla distintos tipos de intervenciones: charlas (llegaron a La Rioja y Catamarca, convocados por los problemas de contaminación provocados por las mineras); peritajes, por ejemplo en casos de inundaciones; también son requeridos como consultorio técnico por las comunidades.

Dado que muchos de sus integrantes son ingenieros hidráulicos, sus intervenciones se producen fundamentalmente en este aspecto.

 

Junto con las comunidades

La CLIC integra las mesas de urbanización de distintos barrios, ya sea de Capital Federal como del conurbano. “Trabajamos cuestiones técnicas, armando talleres y capacitaciones. Discutimos cómo ejecutar infraestructura, a veces alternativa. En este proceso todos aprendemos”, comentó la ingeniera.

Junto al Foro Hídrico de Lomas de Zamora, vecinos afectados por las inundaciones y estudiantes de ingeniería, generaron un proyecto para diseñar un sistema de desagües pluviales y una estación de bombeo. Es decir que los estudiantes participan junto con la comunidad para lograr soluciones.

“Para el playón de Chacarita, junto con los vecinos, se ejecutaron las cloacas para 4 sectores del barrio. En la villa 20, discutimos el proyecto de ley de urbanización y logramos incorporar un conjunto de artículos para garantizar la regularización de los servicios sanitarios. En Ciudad Oculta, estamos desarrollando el sistema de desagües cloacales. Ya tenemos construido un tramo; pudimos, además, reparar muchas filtraciones de agua que ponían en riesgo la calidad del agua y por lo tanto la salud”.

 

Si no hay agua segura, hay enfermedad

Los habitantes de las villas, en cualquier lugar que estén emplazadas, conviven con un grave problema: inexistencia de servicios sanitarios.

“El marco regulatorio establece que los usuarios de AySA son aquellos que lindan con una vía pública reconocida y como los pasillos de las villas no son vías públicas formalmente reconocidas, éste es el argumento que esgrime AySA para no prestar el servicio”.

Dada esta situación, hacia el interior de las villas, sus habitantes, de manera autogestiva, ejecutan las redes de agua y cloaca, “muchas veces muy precarias, por lo tanto están condenados a consumir agua no segura”. AySA no presta el servicio, por lo cual el ente controlador encargado de controlar la calidad del servicio, no controla.

“A esta situación se suma la ausencia de desagües pluviales, en consecuencia cada vez que llueve, desbordan los pozos ciegos, las precarias cámaras cloacales, y así se inundan con agua de lluvia mezclada con líquido cloacal”.

A esto hay que sumarle que algunas villas están emplazadas en suelos contaminados: “Además del agua contaminada, tenemos presencia de metales pesados en el suelo. Esto pasa en la villa 21-24, en sectores de la villa 20 también. O sea que la situación sanitaria es muy crítica; esto se constata con la presencia de altas tasas de diarrea, forúnculos, parasitosis en los niños. A esto se incorpora la problemática del dengue porque el recurso que tienen es almacenar agua, lo que profundiza el riesgo de los criaderos de mosquitos”.

Por este motivo, la CLIC comenzó a colaborar con el equipo de salud comunitaria de la ciudad de Buenos Aires para tratar la problemática del dengue con la perspectiva del acceso al agua potable. “La propuesta fue que, en aquellas zonas donde el servicio es discontinuo o inexistente, se entregue agua potable en sachet o en dispenser. Así se evita que la gente almacene agua en baldes”.

 

Reunir múltiples saberes

El sistema constructivo que más le agrada a los argentinos es el cemento y el hormigón, que si bien podrán darle solidez a la construcción, se sabe que atentan contra la salud humana y también contra el medioambiente.

Por este motivo consultamos a la especialista sobre otras posibilidades constructivas. “En la ciudad es complicado, porque está muy incorporado el uso masivo de los materiales tradicionales. Pero en la ingeniería comunitaria creemos que es fundamental incorporar saberes. Todas las ciudades del mundo se han ejecutado de manera autogestiva; las villas, tanto de Argentina como de Latinoamérica, han sido ejecutadas así y ahí están. Por lo tanto creer desde la ingeniería que sólo nuestro conocimiento son técnicas aceptables, es muy soberbio. Nuestros saberes son una porción de todo el resto de saberes que tienen que ver con la construcción del hábitat, que no es sólo las viviendas, sino también la infraestructura que acompaña, en consecuencia revalorizamos lo que tiene que ver con la construcción de los hábitat populares. En este intercambio de saberes, crecemos todos”.

Actualmente están evaluando los baños secos. “El Inti y áreas de salud nos han pedido un informe, entonces en 2017 tenemos idea de profundizar en el estudio del uso y diseño de baños secos”.

También están estudiando sistemas de recolección de agua de lluvia; esto y los baños secos “pensados para comunidades aisladas a las que tardarían mucho en llegar las redes cloacales”.

Ahora bien, la ingeniera Koutsouvitis reconoció que “la infraestructura sanitaria debe repensarse. En la Facultad de Ingeniería aprendemos a diseñarla de determinada manera y con determinados estándares. Pero, con el anuncio de la urbanización de asentamientos y villas, aparece el desafío de repensar esta infraestructura”.

Obviamente, ejecutar una red cloacal en pasillos angostos, no es lo mismo que hacerlo en vías públicas con determinado ancho, por esto María Eva mencionó que hace años que vienen pensando junto con las comunidades “cómo ejecutar la infraestructura sanitaria hacia el interior de las villas. Hay que incorporar otras tecnologías, como el uso de aguas de lluvia, baños secos, biodigestores. Es necesario sistematizar estas tecnologías porque su uso debe garantizar la calidad del servicio, como lo hacen los sistemas convencionales de saneamiento”.

La advertencia es clara: los sectores más vulnerables de la sociedad no deben ser usados como conejitos de indias. Al mismo tiempo, la necesidad del cambio urge.