Inicio Sociales Entre el reclamo y el consentimiento
Entre el reclamo y el consentimiento PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   
Miércoles, 18 de Enero de 2017 16:14

Alejados del centro de la ciudad, los militantes populares observan e interpelan a los funcionarios. Militante popular, Fabio Reynoso coordina el comedor Los Amigos en el barrio Las Quintitas de Las Tunas. Se reconoce peronista, es coordinador zonal de Quebracho y asegura que se siente mal cuando tiene que salir a cortar la ruta. Después de 3 años, salió a la ruta el 14 de diciembre para reclamar una silla ortopédica para el hijo de Hilda Alfonso. Admite que el pueblo está cada vez peor, pero no adhiere a los saqueos porque la experiencia demuestra que “los que mueren son siempre los compañeros”.

 

Desde hace 16 años, Fabio Reynoso coordina el comedor Los Amigos, en el barrio Las Quintitas de Las Tunas. La cantidad de personas que actualmente van al comedor llega a las 150, aunque fluctúa según el momento del mes. Si bien Fabio muestra gran entusiasmo cuando habla de su militancia social, también asegura que “los chicos tienen que comer en la casa” y está convencido de que “los padres tienen que tener trabajos genuinos”, pues deben aprender “a ganarse las cosas porque todo no viene de arriba”.

En Las Quintitas, las calles de tierra conviven con el mejorado; casitas bajas, unas más prolijas que otras, le dan al lugar un aspecto general de barrio obrero. Y un paredón, paralelo al arroyo Las Tunas, establece el límite entre el barrio preexistente y el barrio privado La Comarca, levantándose como la característica epocal: los “ricos” encerrados en su ilusión de protección y los pobres expuestos a toda clase de sacudidas.

Como consecuencia de esta fragmentación, el 14 de diciembre, los que sólo van sumando pesares a sus vidas, salieron a cortar el puente de Pacheco, encabezados por Fabio. “A nosotros no nos gusta cortar, pero tenemos una compañera que tiene un hijo discapacitado, necesita una silla ortopédica, se la pidió al Municipio por todos los medios, un funcionario le prometió una solución; otro le dijo que la silla ya estaba paga, pero nunca fueron a la casa de la compañera a tomar las medidas del discapacitado, entonces cómo pagaron la silla? Por esto fue el corte”.

Producido el corte, el funcionario que salió a dar la cara fue Fernando Mantelli, quien, según Fabio, “está encargado de todo, mercadería, salud, todo”.

Mientras que la rueda del Estado burocrático-recaudador sigue su marcha, los funcionarios le piden a Hilda Alfonso (madre del joven discapacitado) un mes más de paciencia. “Todos pagamos impuestos”, advierte Fabio, “porque compramos un fósforo y pagamos IVA. Entonces tenemos que saber defender nuestros derechos y reclamar. Después del neoliberalismo, la gente aprendió a reconocer que tiene derechos”.

Dispuesto a ponerle el pecho a los reclamos justos, Fabio busca dialogar con el Municipio. “Los empleados públicos no sirven, hacen su propio negocio. Después del corte, Mantelli dice ‘yo no estaba enterado’, damos por hecho de que es así porque en 10 minutos soluciona todo. No podemos echarle la culpa al intendente de todo, porque nosotros siempre tuvimos buena charla con él. Acá tenemos que echarle la culpa a Malena Massa o a Sergio Massa”. Y repara: “Los políticos se confunden cuando se creen que la gente es un número nada más”.

 

Ni cloacas ni colectivos

En junio de 1974, cuando murió Juan Perón, Fabio tenía 5 años. “Todos los vecinos lloraban”, recuerda. “En ese tiempo teníamos al padre que laburaba, a la madre que nos cuidaba las 24 horas y los niños jugábamos y estudiábamos, no teníamos necesidad de salir a trabajar”. Así se vivía en un barrio semirrural, ya que Fabio nació – y se ríe al decirlo - en Nordelta!!! “Todo eso era del viejo Palmero y cuando él murió, el hijo vendió todo”.

Las Quintitas y los barrios privados El Encuentro y La Comarca “eran todo bañado”. Fabio entró por primera vez a Las Quintitas “en el 82, a vender sandía con un carro a caballo. Esto era huellas y bañado, no se podía entrar con auto. Nosotros nos bañábamos en el arroyo Las Tunas, acá había pescados. Las fábricas pudrieron todo”.

A uno y otro lado del arroyo Las Tunas vivían familias que se dedicaban a la cría de animales. “El Municipio los sacó, les dio casas. El campo quedó vacío y después vino el barrio privado”, cuenta Fabio. Encerrados entre estas especies de señoríos feudales, se desenvuelve la vida de los moradores de Las Quintitas: un barrio obrero a donde llegó el agua corriente (“pagamos $138, antes pagábamos $27”), pero todavía están esperando las cloacas y un medio de transporte!!!

“Por un decreto del 2015 de Zamora se estableció que extendían el recorrido del 720 por el barrio Las Quintitas. El colectivo vino, rompió todas las calles, nunca arreglaron nada. El decreto dice que la línea de colectivo tenía que poner el recurso para mantener las calles. En dos meses dejaron de pasar y las calles quedaron todas rotas. 1000 metros tenemos que caminar para tomar un colectivo. Que hagan el asfalto, los vecinos están dispuestos a pagar, pero no, a ellos no les interesa la mejora para el pobre. Ellos quisieron ahogarnos, quisieron hacer el sueño de Ubieto: conectar todos los barrios privados por agua, para que entre la droga”.

Como todos los tigrenses saben y siempre es conveniente recordar, la construcción de los barrios privados generó mayores inundaciones, incluso empezaron a inundarse zonas que antes no sufrían este problema. “A nosotros nos arruinaron la vida. Peleamos para que Nordelta abra las compuertas y draguen el arroyo”.

Fabio Reynoso se reconoce como parte del pueblo peronista y establece diferencias entre éste, el peronismo y el partido justicialista; está convencido, además, de que “el único que puede cambiar las cosas es el pueblo”.

“A la política entra gente muy buena y terminan en un embudo siendo todos una porquería, porque no juegan con los recursos de un multimillonario, juegan con los recursos de un pobre, de un discapacitado. En este Municipio, al más chorro parece que le dan un cargo. A los que denunciamos, los sacan de un lugar y los mandan a otro. Yo conozco a sinvergüenzas que estaban en una cooperativa, después los mandaron al Concejo Deliberante y terminaron como delegados. Los van ascendiendo”.

Además de hacer una larga lista de sinvergüenzas, Fabio recordó que ahora están luchando por una silla para Tino. El joven discapacitado tiene derecho a una vida digna y su familia también. Los impuestos de los ciudadanos deben tener ese destino prioritario.