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Dialogando con el espíritu de los barcos PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   
Sábado, 31 de Diciembre de 2016 01:37

Pasión y esmero en la restauración de modelos navales. Vinculado con el mundo de la náutica desde pequeño, Andrés Cieslinski comenzó armando barcos como hobby y, después de capacitarse en afamados museos, el modelismo naval se convirtió en su profesión, siendo actualmente el modelista del Museo Naval Argentino. Ya sea para restaurar o para construir nuevos modelos, pasa muchas horas investigando, buscando materiales y, finalmente, colocando cada pieza en su lugar. Durante el 2016 se dedicó especialmente a realizar una réplica de la fragata Libertad que el año próximo viajará a Londres.

 

Cada uno de los pequeños barcos del Museo Naval nos hace imaginar a una especie de cirujano que está horas y horas encorvado, uniendo una piecita a otra hasta lograr ese buque que lleva nuestros sueños por todas las aguas del mundo. Por tanta dedicación y esmero quisimos conocer a Andrés Cieslinski, el modelista naval que, desde hace 3 años, restaura las piezas del Museo y da a luz nuevos modelos.

Atravesando las salas, llegamos a su taller, colmado de piezas “cansadas” y repleto de herramientas y materiales. En el fondo, vitrinas; hacia uno de los costados, dos grandes piezas con historia cinematográfica; en el lado opuesto, el Ciudad de Corrientes, vapor de pasajeros. Y en el centro del taller, una reproducción de la fragata Libertad que pronto será terminada y en febrero partirá a Londres.

Investigar y restaurar

Aunque las piezas estén en vitrinas, el paso del tiempo se hace notar, por esto, cuando reclaman una restauración, “se las saca de exposición, se va a los archivos, a los planos, se busca su historia y cuando se tiene toda la data, ahí recién se interviene para que quede igual al momento en que se hizo”, explicó Andrés. El estudio previo a la restauración es importantísimo y, si no se consigue suficiente información, “se interviene donde se puede y lo demás se deja como está, aquí no se inventa nada”.

No inventa, pero descubre cosas muy interesantes: “El modelo más antiguo que tenemos en el museo es la Santísima Trinidad, buque insignia de la armada española. Está hecho de hueso por presos de la batalla de Trafalgar. Cisneros fue capitán de este barco y trajo esta réplica a Buenos Aires. En la última restauración encontré algo raro en la osta de estribor. Me parecía que tenía mucha pelusa. Entonces saqué un pedacito mínimo y con la lupa vi que es pelo trenzado. Es lo único que queda de pelo”.

El primer buque escuela que tuvo el país es el Brown; cuando lo restauró, encontró una chapita de bronce - estaba oculta bajo la pintura - que dice: 1937 construido por Ing. A. Corbeto. “Buscamos en archivos, pero no pudimos encontrar nada sobre esta persona”.

 

Sarmiento y los barcos

Al final de la película Mi mejor alumno, la fragata Merrymack, en cuya popa está sentado Sarmiento, se cruza con el bergantín Garrié. Éste último cañonea en forma de saludo, Sarmiento pregunta por qué lo hace y el capitán del barco le informa que es un saludo para él, ya que había sido elegido presidente. “Estos dos modelos fueron construidos aquí para esa escena. Estaban en el Instituto Nacional de Cinematografía”, contó Andrés. Próximamente, ya restaurados, estarán expuestos en algunos de los museos que llevan el nombre del prócer.

Otra pieza relacionada con Sarmiento y que actualmente Andrés está modelando es el Talita. “Sarmiento pidió varios buques, esto fue a concurso y ganó el astillero Cammel que le regaló el Talita. Sarmiento se sintió ofendido, lo rechazó como regalo personal y lo regaló a la Armada. Estuvo apostado aquí en Tigre. Fue un vapor chiquito, con un motor de locomotora pequeña. Cuando trajeron los restos de San Martín, el Talita remontó una falúa que traía los restos del general”.

 

Un trabajo obsesivo

Tornos, pinceles, prensas, espátulas, aerógrafos, todo muy chiquito para trabajar materiales tan diversos como madera, plásticos, hilos, cadenas. Con el método scratch, Andrés Cieslinski va dando vida a embarcaciones que son como las originales, pero chiquitas. “Trabajamos con escalas que nos permiten llegar a un 90 o 95% de piezas”, explicó.

Su niña mimada, la fragata Libertad, “tiene una escala de 1:68, lo que permite un 98% de piezas”. Además de estudiar sus planos originales, el año pasado, Andrés estuvo en Puerto Belgrano tomando fotos de la fragata, ya que el objetivo es “construirla como está hoy en día. No ha cambiado mucho”; por ejemplo, en los planos, el cabrestante tiene una forma que no coincide con lo que finalmente se construyó; hay barandas de bronce que se han pintado porque el bronce requiere distraer diariamente muchos hombres para su limpieza.

Conseguir algunos materiales fue casi una odisea: “Para las cadenitas de los flechastes del bauprés fui a Once, recorrí todo y no conseguí nada. Volví y busqué por San Isidro, Martínez y nada. A media cuadra de mi casa hay una regalería china, entré ya cansado de buscar y encontré las cadenitas que necesitaba! Agarré 10. Todo eso me llevó dos días de búsqueda; en un momento pensé ‘la pongo más gruesa, quién se va a dar cuenta’, pero yo me doy cuenta. Estas cosas pasan, uno se empieza a enamorar de cada pieza”. Y el amor en el trabajo se puede transformar en obsesión: “Para el volante que abre la válvula de vapor se me presentó un problema porque no sabía cómo hacerlo. Pensaba, buscaba, finalmente, en una mercería a 4 cuadras de mi casa, fui a comprar unos hilos y veo un blíster, miro a la dueña, ella me mira, no entendía, me dice ‘qué mirás?’, ‘qué es eso?’, ‘un producto que sirve para apoyar lentejuelas’. Me llevé 4 blíster. Por esto la técnica se llama scratch, muchas cosas pueden servir”.

En febrero, la fragata Libertad viajará a Londres para ser llevada por el Jefe de Estado Mayor a la Organización Marítima Internacional como regalo de nuestro país. “Para mí es un honor tremendo que este modelo quede allá con mi nombre como modelista”, expresó Andrés, quien también viajará a Londres, llevando una caja de herramientas porque “siempre se corre el riesgo de que se rompa una pieza en el viaje”.

Habiendo empezado como un hoby, construyendo barcos de plástico, luego la pasión lo llevó a tomar cursos en el Museo Naval de Madrid, en el Archivo de Indias, en Italia; ahora, ya restaurador del Museo Naval de la Nación, a Andrés Cieslinski se lo puede ver, alguna vez, con su guardapolvo blanco, caminando por las salas, con lentitud y aguzando el oído, seguramente conectándose con el espíritu de los barcos que le cuentan sus secretos.

 

Foto: Andrés Cieslinski trabajando sobre la fragata Libertad