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Escrito por Mónica Carinchi   
Lunes, 24 de Octubre de 2016 23:59

Crónicas Victorianas. El sanfernandino Nazareno Scialpini, famoso por sus Crónicas Canaleras, ha hecho un nuevo aporte al conocimiento del pueblo que lo vio nacer. Su nuevo libro, Crónicas Victorianas, repasa el devenir de esta localidad desde el momento en que se iniciaron las obras de la estación del ferrocarril.

 

Nadie puede negar que el ferrocarril ha sido generador de pueblos. Allí donde las locomotoras a vapor iban deteniéndose, se iniciaba un incipiente poblado. Así ocurrió, también, con la localidad de Victoria: en 1891 se iniciaron las obras de la estación a la cual se le puso el nombre de la reina inglesa.

Cabe recordar que el surgimiento del ferrocarril en Argentina se produjo en 1857 con la línea Buenos Aires al Oeste que perteneció a prósperos comerciantes porteños y al gobierno de la provincia de Buenos Aires. Después el ojo de los piratas vio un gran negocio y los vendepatria les entregaron todas las concesiones. Así llegó Victoria.

Como un aporte al conocimiento de esa localidad, Nazareno Scialpini acaba de publicar Crónicas Victorianas. Sus fuentes fundamentales fueron datos propios y de vecinos así como fotos que fue atesorando en sus largos años de fotógrafo profesional.

“Victoria fue una localidad netamente ferroviaria, después se fue sumando una población que se dedicó al comercio y a los oficios”, comentó el autor, quien aseguró que los trabajadores que llegaron con el ferrocarril y con la instalación de los talleres ferroviarios eran fundamentalmente extranjeros. Iban y venían, por lo tanto, muchas cartas, por lo cual pronto se instaló una sucursal de correo, cuya titularidad estuvo a nombre de una mujer.

Obviamente, la educación es imprescindible, en consecuencia se fundaron escuelas y, además, hubo maestras que instalaron espacios de estudio en sus propias casas.

No faltaron ladrilleros para este pueblo en crecimiento. “Esta actividad fue dejando varios pozos. Llegó hasta San Isidro, por eso La Cava se llama así”.

Con el avance del ferrocarril convivían las quintas. “Donde está la cancha de Tigre, enfrente había una quinta. Cuando yo era chico, todavía existían. Se pueden reconocer por las calles asfaltadas, porque, cuando abrieron las quintas, directamente las calles ya se asfaltaron”, explicó don Nazareno.

Hasta la década del 50, Victoria tenía balneario. “Todas las familias lo frecuentábamos. Por ejemplo el balneario La Floresta, al que se llegaba por un túnel que ahora está cerrado y después de caminar dos cuadras, cobraban peaje porque estaba la quinta de los Iriarte”. Quién hubiera dicho que con el tiempo la costa se iba a privatizar y el placer de todos iba a quedar reducido para unos pocos.

Además de datos históricos, en Crónicas Victorianas se pueden leer dos poesías de José Haroldo Montes (1915/1982); transcribimos una estrofa que da cuenta de la impronta de la estación en la vida victoriana: “En Victoria no había plaza / ni punto de reunión / y tal cual el corazón / con mi mente hoy repasa / hasta el día de La Raza / se festejaba en la Estación”.

En la librería Sudeste (Cazón 1048, Tigre) se puede encontrar este libro, así como la Historia del Club Tigre, también escrita por Nazareno Scialpini.