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Escrito por Mónica Carinchi   
Sábado, 25 de Junio de 2016 03:00

Estación Botánica de Investigación Copán 2012. Después de estudiar el pasado del pueblo maya, el arqueólogo David Sedat se decidió a modificar el presente de tierras agotadas por siglos de uso. Fundó un centro de investigación en el que se plantan árboles nativos y exóticos que aportan alimentos y medicinas para los pobladores del lugar. Carolina Sandoval, antropóloga y fotógrafa, forma parte del proyecto, coordinando las capacitaciones. Para conocer su obra fotográfica www.carolinasandoval.com

 

Acercándose el año 2012, muchos comenzaron a hablar de las supuestas profecías mayas del fin del mundo. Pero llegada la fecha esperada por los vaticinadores, nada pasó; el común de la gente, entonces, dejó de pensar en el calendario maya.

Más allá de la exactitud de su calendario (estableció los ciclos de Venus, Mercurio, Saturno y Júpiter) esta gran civilización ha legado al mundo occidental, como lo recuerda el arqueólogo David Sedat - especialista en esta cultura -, alimentos tan importantes como el maíz, el cacao, los frijoles. “Cuando los primeros españoles llegaron a las costas de lo que hoy es Honduras, encontraron un verdadero paraíso con muchas culturas viviendo y cultivando maíz, frijol, cacao, que para ellos era sagrado y ceremonial”, dijo el experto.

Después de 30 años de trabajar en el parque arqueológico de Copán, Honduras, Sedat advirtió que los problemas que afectan actualmente a la región de Copán son similares a los que afectaron a los antiguos mayas: crecimiento desmedido de la población; deforestación y erosión de las tierras; pérdida de tierras cultivables; disminución de recursos hídricos; deficiencias nutricionales. Por esto, David se preguntó: “Si sabemos tanto del pasado, ¿por qué no usamos sus lecciones para hacer algo del futuro?”. Fue así que fundó la Estación Botánica de Investigación 2012 (llamada de esta manera porque esa fecha marca el inicio de un nuevo ciclo en el calendario maya) para transformar - usando técnicas sencillas: no quema, especies nativas, microterrazas - 20 hectáreas de campos erosionados sobre montañas que miran a las ruinas de Copán. Allí, en un aula al aire libre, se aprende a regenerar la tierra.

 

Conocimiento y sensibilidad

En la Estación Botánica se han sembrado fundamentalmente plantas nativas: chaya, cacao, copal, indio desnudo, maíz, ayote, nance, jocote, pimienta gorda; también se introdujeron especies exóticas: noni, moringa y nim. “Estas plantas fueron seleccionadas porque ayudan a prevenir la erosión del suelo, proveen nitrógeno y tienen un alto valor nutritivo y medicinal”, explicó la antropóloga Carolina Sandoval, integrante del equipo. “Hemos creado un ecosistema de plantas que se ayudan mutuamente con el fin de crear bosques diversos”.

Carolina es oriunda de la zona, ha crecido rodeada de árboles, ríos, animales, de ahí su amor infinito por la naturaleza. “Mis conocimientos como antropóloga han fortalecido mi experiencia personal”, comentó la joven, que está dedicada a difundir temáticas ambientales entre la población.

Estudiantes de escuelas locales visitan la Estación Botánica y allí “pueden darse cuenta de las distintas maneras en que todos podemos contribuir para preservar y restaurar nuestros recursos naturales”. El lugar también es visitado por universitarios, personas que trabajan en agricultura sostenible, biólogos, botánicos y todos aquellos que estén interesados en capacitarse sobre estos temas.

Asimismo las comunidades originarias participan del emprendimiento. “A la comunidad maya Ch’orti le donamos árboles de noni y han creado su propia cooperativa, elaborando productos derivados de este árbol”.

Asociado a la Estación Botánica, el Centro de Visitantes “El Lugar del Té & Chocolate” recibe a vecinos y turistas. Apartándose del centro de la pequeña ciudad de Copán Ruinas, tomando por una empinada calle, se llega hasta una casa habitada por plantas, un espacio acogedor donde se pueden apreciar múltiples artesanías, un balcón que se ofrece  para la contemplación, un lugar de encuentro con la naturaleza y la cultura.

“Muchas personas que nos visitan se sienten orgullosos e inspirados por lo que estamos haciendo; pero soy realista, sé que algunos salen sin interesarles hacer ningún cambio en sus vidas. Todavía hay mucho trabajo por hacer. Como familia queremos inspirar, no obligar ni imponer”, precisó Carolina, con su amable tono.

La sensibilidad de la joven antropóloga se percibe en las imágenes que logra capturar con su cámara fotográfica: rostros, escenas costumbristas, paisajes.

Entre el agradable olor del copal, fotos, artesanías, libros y revistas, la tarde va pasando y la caída del sol invita a tomar un té de noni en el balcón que mira al futuro del mundo maya.

 

Foto: Carolina Sandoval en El Lugar del Te & Chocolate