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El proyecto que nació desde la semilla PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   
Lunes, 18 de Abril de 2016 02:41

Promueven el cultivo orgánico de macadamia entre comunidades indígenas. A pocos kilómetros de Antigua Guatemala se encuentra Valhalla, una finca de producción orgánica de nueces de macadamia. Visitada por turistas, con la compra de los productos se colabora en un proyecto social y ambiental.

 

Desde las ventanas de su oficina, miraba al cielo y pensaba: “Dios, qué estoy haciendo yo aquí? Quiero ir a las montañas. Quiero que mi hijo viva entre árboles”.

Su deseo fue tan intenso que finalmente el milagro se produjo. Lorenzo Gottschamer y el árbol de macadamia llegaron a la vida de Emilia Aguirre.

A pocos minutos de Antigua Guatemala, entre plantaciones de café, frijoles, flores y con tres volcanes custodiando el paisaje, se llega a Valhalla, una pequeña finca dedicada al cultivo orgánico de macadamia.

Árboles, plantas, pájaros que picotean las frutas caídas y varios perritos reciben a los visitantes; uno de ellos tiene la particularidad - según su dueña - de hablar inglés, alemán, spanish y guau guau.

“Estos árboles fueron plantados hace 30 años por mi madre y su esposo. Importados de California, son el producto de 40 años de selección manual, sin ninguna interferencia genética”, explicó Ricardo López, el hijo de Emilia que, felizmente, creció entre árboles.

La macadamia es un árbol originario de Australia. Su fruto es una nuez con alto contenido de aceite, tiene ácidos grasos omega 3 y 6, que ayudan a reducir los niveles de colesterol. Además es uno de los árboles más eficiente para absorber dióxido de carbono. Su nuez se utiliza tanto para alimentación como para cosmética.

 

Desde la semilla

La visita a Valhalla es un apacible andar entre canteros, en cuyo centro reina, obviamente, una macadamia acompañada por bananos o plantas ornamentales. Naranjos, limoneros, orquídeas aportan aroma y belleza al recorrido.

Si bien existen muchas especies de macadamia “sólo dos producen nueces comestibles”, aclaró Ricardo. Éstas son la integrifolia - adaptada a climas cálidos - y la tetraphylia - de climas templados - que son las cultivadas en Valhalla.

“Para preservar la amplitud genética, aquí los árboles los germinamos desde semilla; aquellos que tienen características que no convienen, son desechados. Estas son las cosas que nos diferencian de otros productores: no injertamos, no utilizamos ningún fungicida ni pesticida, abonos orgánicos y podas es la forma en que manejamos la plantación”.

Cuando el fruto está maduro, cae solo, por lo tanto la recolección se realiza directamente del suelo. “Para mantener la calidad de la nuez, hay que recogerla lo más rápido que se pueda, eliminarle la cáscara y ponerla a secar. Estando seca se preserva mejor y, además, es la única forma de extraer la nuez porque, al secarse, se suelta solita de una especie de piel que recubre la concha”.

Para sacar la cáscara verde, ellos mismos inventaron una máquina. “Cuando se producía menos, pelábamos las nueces manualmente. Con el tiempo, debimos encontrar una forma más eficiente y surgió esta máquina”.

Hierros, una llanta de automóvil y un motor sirvieron para armar la peladora, que escupe las nueces hacia un lado y, hacia el otro, la cáscara que irá al compost.

El proceso continúa con el secado de la nuez en concha hasta que, ya separada la pepita, se parten con otra máquina. “Lo que de allí sale, es seleccionado manualmente”. En la actualidad, estudiantes avanzados de ingeniería de la Universidad de Michigan están trabajando en una máquina para partir las nueces fácilmente, porque “la nuestra necesita mejoras”, admitió Ricardo. Luego las nueces se lavan, se desinfectan y se colocan en una secadora. “Nosotros no las horneamos, sólo las secamos con aire tibio, nunca más de 45°. La macadamia tiene muchísimo aceite que nosotros extraemos para el cuidado de la piel. Por eso, para preservar la calidad del aceite, no hay temperaturas muy altas. El aceite se extrae a presión en frío”.

Valhalla no sólo surgió como emprendimiento económico, tiene también un aspecto social. “Promovemos el cultivo orgánico de macadamia entre comunidades indígenas. En los últimos 15 años, hemos sacado más de 500 mil árboles de nuestros viveros. No sabemos cuántos están en producción y vivos, probablemente la mitad”.

Ricardo aclaró que entregan los árboles sin compromiso alguno de mantener un vínculo comercial. “Ellos son los dueños de los árboles y pueden vender su producción como gusten. Hay personas que pagan más que nosotros por la macadamia en concha. Conocemos a un señor que tiene sus arbolitos y vende cada nuez por 10 centavos, de esta manera gana casi el triple de lo que podría sacar por cada saco de nuez si las vendiera por mayor. También vende arbolitos; se ha generado un ingreso con los 80 arbolitos que le dimos”.

 

Todo mezcladito

Para fortalecer el proyecto, ahora Emilia Aguirre sueña con unas cabañitas “para voluntarios que vayan a las comunidades indígenas para ver cómo están los árboles, si quieren más, si están abandonados. Nosotros no hemos podido hacer este seguimiento por falta de capital”.

Emilia estima que regalar los árboles no es efectivo, ya que “no hay que regalar pescados, sino enseñar a pescar”. Su intención es profundizar en el asesoramiento del cuidado orgánico de las plantaciones y luego comprar a las comunidades las nueces, pero “para eso, hay que ir a ver cómo los están cuidando”.

Muchos indígenas han ido a la finca para recibir asesoramiento e información sobre los beneficios de la macadamia. “Lo que falta”, reiteró, “es ir al campo para ver qué hacen, cómo los cuidan, para esto necesitamos trabajar junto con otra organización”. Una ONG que colabora con Valhalla es TEMA, que, desde Suiza, envía dinero con el objetivo de que lleven “árboles a la gente pobre del lago Atitlán”. Quienes también colaboran son los turistas, comprando productos cosméticos, nueces y árboles.

Dado que la macadamia debe ser sembrada cada 10 metros, pues su copa crece mucho, debajo de su sombra es posible sembrar otras plantas. “La madre naturaleza nunca ha hecho plantaciones sólo de café o macadamia, todo está mezcladito para que haya biodiversidad. Entre los árboles se puede plantar café, aguacate, maíz, entonces se obtiene de todo un poco para la propia alimentación”, señaló Emilia que sabe muy bien que uno de los grandes temas de la actualidad es la soberanía alimentaria. “con la macadamia se hace mantequilla, harina, aceite. Lo que nos importa es la comida, porque eso es lo que le falta al planeta. Los indígenas cosechan la nuez, la muelen y se la agregan a sus tortillas y es más nutrición”.

Para comprobar el delicado sabor de la nuez de macadamia, se deben saborear los famosos panqueques de Valhalla, que además de tener una excelente calidad de nueces, tiene a una inmejorable cocinera.

Mirando los frondosos árboles, Emilia comentó: “Nos encanta la macadamia porque absorbe mucho dióxido de carbono, tiene muchas proteínas, omegas que se usan para cosméticos, por eso las empresas andan por todo el mundo comprando aceite de macadamia. Lo malo es que ellos lo compran de grandes plantaciones donde fumigan, entonces ya las nueces o el aceitito que tú te vas a frotar, lleva químicos y eso se va acumulando en la piel y puede causar enfermedades”.

Mientas los consumidores han incorporado la costumbre de observar las etiquetas de los productos para informarse sobre la procedencia del mismo así como de sus ingredientes, los pueblos indígenas son sus aliados en la protección de sus semillas nativas: “Aquí los indígenas protegen las semillas de su café y de su maíz para que no se comuniquen con las semillas de Monsanto, porque después vienen enfermedades a las plantas que sólo con sus pesticidas se curan. Dios nos proteja de eso”, exclamó Emilia.

Para todos aquellos que visitan Antigua Guatemala, conocer Valhalla es parte ineludible del itinerario.

 

Foto: Emilia Aguirre en la Finca Valhalla