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Rescate y fortalecimiento de la cultura y la espiritualidad wichi PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   
Jueves, 05 de Noviembre de 2015 00:58

Nukepatas. La comunidad wichi de Santa Victoria Este, departamento de Rivadavia, Salta, realizó el 1° Encuentro de Diálogo entre Culturas. Su objetivo principal: demostrar al mundo que aún existen. Cantos, danzas, talleres de cerámica y chaguar fueron parte de las actividades que realizó la comunidad.

 

El lunes 12 de octubre es un día feriado. Para muchos será la posibilidad de realizar un viaje de 3 días; otros harán las visitas que siempre postergan. Algunos recordarán que este feriado se llama, a partir de 2010, Día del Respeto de la Diversidad Cultural y reflexionarán sobre el encuentro de dos mundos. Otros, en cambio, dejarán pasar la fecha, aunque no de manera inadvertida, porque el 12 de octubre de 1492, el invasor europeo puso su pie en estas tierras y, desde entonces, los pueblos originarios vieron transformadas sus vidas y, en muchos casos, arrasadas sus culturas. Los pueblos originarios no festejan el 12 de octubre, al contrario, lo lamentan.

En la provincia de Salta, específicamente en el departamento de Rivadavia, se congrega el mayor número de wichis. “Como muchos creen que el pueblo wichi no existe más”, nos dijo Aniceto Titsilh Mendoza, “nosotros hacemos este 1° Encuentro de Diálogo entre Culturas – NUKEPATAS - para que la gente sepa que aún existimos”.

El encuentro NUKEPATAS, que significa “resurgiendo nuevamente”, se realizó el 15, 16 y 17 de agosto con motivo del festejo de los 10 años del Centro Cultural Tewok, donde se realizan actividades de rescate y fortalecimiento de la cultura y la espiritualidad wichi. Un buen motivo para festejar.

 

Con voz bien clara

Haciéndose un tiempo entre el taller de cerámica - a cargo de su madre - y la preparación de una parrillada de dorados, Titsilh, con un hablar lento, típico de las personas que viven alejadas del fragor de la gran ciudad, explicó que “el Centro Cultural Tewok lleva muchos años sobreviviendo y dando batalla a las religiones, sobre todo a la anglicana”.

Además del catolicismo, otras religiones han tomado contacto con los originarios. “Algunas son respetuosas; otras, no y lo que hacen, es intentar que se olvide nuestra cultura. Es gente que viene de otros lugares del mundo. Pero nosotros estamos firmes por defender nuestros saberes; en cambio, otras comunidades, a veces por miedo, se callan y guardan su cultura. No quiere decir que sean dominados por esa religión, sino que conservan bajo llaves sus saberes”.

Portador de un nombre que significa “el que tiene la voz bien clara y escuchada”, Titsilh es el cacique de la comunidad wichi Santa Victoria 2; su función es velar por ella. “Cada cosa que pasa en la comunidad, el primero en saberla soy yo”.

Otra forma de cuidarla es trabajando como auxiliar bilingüe: “Nosotros estamos para ayudar a traducir lo que dice el maestro del grado. La mayoría de los niños entienden wichi, chorote y castellano, entonces son plurilingües; el castellano lo entienden, pero no lo hablan, por esto son necesarios los maestros bilingües. Este año comenzaron a trabajar docentes que son de las mismas comunidades, es decir que hay docentes wichi, chorote, tobas, guaraní”.

En la necesidad de transmitir y conservar sus saberes, la comunidad elaboró un diccionario wichi: “En la escritura se pierde la esencia misma de la palabra, pero es importante que quede plasmada para los que nos quieran conocer”.

Entre los saberes que están recuperando se encuentran los cantos y danzas: “Los nuestros son cantos de encuentro, hay un canto para cada cosa. No hay letra en nuestras canciones, es hablar a través del corazón. Para comprender lo que nosotros cantamos, hay que saber recibir. Eso es lo que nosotros les enseñamos todo el tiempo a los chicos, que aprendan a recibir desde lo más profundo”.

Para una despedida, para una bienvenida o cuando se toma algo de la naturaleza, hay un canto: “Para nosotros cada cosa en la naturaleza tiene un espíritu, alguien que lo cuida. Somos respetuosos de todos esos dioses que cuidan la naturaleza. Para nosotros lo que comemos es sagrado, entonces tiene que ser cuidado de alguna manera, porque entorpecer la naturaleza puede implicar un desequilibrio, tanto espiritual como emocional, hasta quizás uno se enferma”.

El pueblo wichi agradece la llegada de la primavera, el reverdecer de las plantas, también la crecida del río. Ellos han convivido eternamente con el monte, respetándolo, porque saben que “antes de actuar, hay que pensar y respetar a la naturaleza”. Pero el daño que actualmente está ocasionando el hombre blanco en esa zona, provoca el desborde del río Pilcomayo, incluso su contaminación. “Esta comunidad, a veces, se inunda, pero nosotros nos quedamos tranquilos. Esos hombres no piensan igual que nosotros, aunque parece que ellos son más inteligentes que nosotros”.

Los wichis no tienen en su vocabulario la palabra “pachamama”, ellos hablan de “naturaleza viva, infinita” y, en esta expresión, están incluidas, también, las personas: “La mejor manera de comprender es respirar el aire del entorno, callar, pensar, actuar menos sobre la naturaleza para comprenderse uno mismo”.

 

Una ciencia de acá

Durante el Encuentro, Abel  Lutsej Mendoza - hermano de Titsilh - recordó que existe una ley por la cual deben devolverles 400 mil hectáreas del departamento de Rivadavia, pero aún esa ley no se cumple. “Parece que continuamos con los 523 años de conquista porque nos están sacando la riqueza más grande: las tierras, los árboles que están siendo talados para plantar soja y maíz. La soja trae venenos. Nosotros le estamos entregando la riqueza a las empresas, el Estado mismo garantiza las tierras a las empresas multinacionales, así se crea más capitalismo para que hagan más edificios, más armas de guerra, más contaminación. Después sufren los que no tienen nada, el que fue despojado. Por eso nuestra meta es el centro cultural donde conservamos lo propio y lo transmitimos a nuestros amigos”.

En los 3 días se realizaron talleres y charlas, donde se pudo compartir los conocimientos y la espiritualidad del pueblo wichi. “La sabiduría que tenemos los pueblos originarios es como una ciencia de acá, sabiduría que nosotros practicamos día a día”, sostuvo Abel.

Además de transmitir a los más pequeños sus conocimientos sobre el monte, Abel escribió para ellos un minidiccionario: “Los niños inician el colegio manejando sólo la lengua madre, el wichi. Como no existe ningún material bilingüe que los ayude en el aprendizaje, hice el libro Lha Lhamtes (Nuestras Palabras) con dibujos y muchos colores porque los chicos tienen mucha imaginación”.

Con la convicción de que la riqueza del ser humano está en su humildad y en la capacidad de hermanarse con todas las personas que llegan hasta esa comunidad, Abel aseguró que continuará recuperando los conocimientos ancestrales de su pueblo. “Esto nos gusta y nos sentimos orgullosos”.

 

“Yo no me callo”

La familia Mendoza está integrada por 10 hermanos, 5 hombres y 5 mujeres. “Soy la mayor de las hijas del cacique Tiluj. Él murió, pero sigue si espíritu. Como nos transmitió la cultura, no la queremos perder, queremos seguir rescatando nuestros valores”, dijo Karina Mendoza, quien da clases de apoyo en el Centro Cultural Tewok desde 2006.

Su historia es la de muchas jóvenes de nuestro país: “Cuando iba a la escuela no tenía zapatillas, iba descalza. De grande tenía vergüenza de ir descalza, pero igual seguí. A pesar de eso, yo tuve la posibilidad de ir a la escuela, las mujeres mayores no pudieron hacerlo”. Actualmente va al terciario y este año termina el profesorado de enseñanza primaria. “Para mí fue muy duro porque no tengo recursos para las fotocopias, muchas veces pensé abandonar, pero lo que me mantiene son los chicos, pienso en su futuro, entonces tengo que seguir”.

Karina está orgullosa de sus alumnos, pues desde que concurren al Centro Cultural avanzan en sus estudios, llegando al secundario. “A los chicos wichis les cuesta mucho entender la lengua castellana. Ellos me preguntan en wichi y yo les explico, así entienden. Las lenguas originarias se están perdiendo, por ejemplo en Tartagal los chicos sólo hablan castellano, pero en esta parte de Salta no se está perdiendo. Yo como docente, quiero seguir con mi lengua, no la quiero perder”.

Una vez recibida de maestra, espera trabajar en su zona de residencia, “para seguir con nuestra cultura, con los consejos, pero si me toca trabajar en otro pueblo, seguiré haciendo lo mismo”, aseguró la joven, con tono pausado y emoción contenida.

Una de las tareas de Karina es hablar con las personas mayores de la comunidad: “Si yo no hablara con ellos, no sabría nada de nuestra cultura. Algunos me cuentan sobre los ingenios (azucareros), son historias tristes y reales”.

También en esta comunidad existen diferencias de género: “Cuando hay reuniones, yo llamo a las mujeres para que escuchen, para que no se queden atrás”. Seguramente siglos de sometimiento se manifiestan en este comportamiento; en cambio, las nuevas generaciones, “ya están más atrevidas, porque van a la escuela, entonces aprenden a hablar, a defenderse. Pienso que, cuando sean grandes, van a participar más que las mujeres de ahora”, dijo la futura maestra y agregó: “Yo no me callo”.

Su mirada crítica la lleva a observar que en el pueblo de Santa Victoria Este no se ha logrado la integración de las distintas comunidades wichis que allí habitan. “Me pone muy triste que esto pase”.

Con la sencillez de la gente de la tierra, Karina se despidió de nosotros diciendo: “Voy a seguir hasta que sea grande, esperando a los chicos que vengan, que me pidan ayuda, consejos. Quiero agradecer a la gente que confía en nosotros y que siempre nos apoya y nos incentiva para que sigamos adelante. Espero que las personas que vinieron a este encuentro se lleven una partecita en el espíritu para que algún día nos recuerden”.

Llegar hasta Santa Victoria Este no es fácil, 12 horas de micro la separan de Salta capital. Durante el viaje se pudo observar que, unos metros adentro del monte nativo que acompaña el camino, han arrasado los árboles centenarios para dar paso a plantaciones de soja. La ruta está siendo pavimentada por tramos, una vez finalizado el trabajo ¿qué pasará con lo que queda de monte nativo?

Sin estridencias, sin cantos marciales, sin fuegos artificiales, la comunidad wichi Santa Victoria 2 abrió la puerta de su centro cultural y las ventanitas de su corazón para todos aquellos que llegaron, con barro y cansancio, hasta ese lugar alejado de nuestro país. Ellos están seguros de que la naturaleza es sagrada; los funcionarios públicos, ¿podrán entender estas palabras y cuidar, por lo tanto, lo que nos pertenece a todos los argentinos?

 

Foto: Abel Mendoza con su libro, en el Centro Cultural Tewok