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“Un sumario con varias incógnitas” PDF Imprimir Correo
Escrito por Maribel Carrasco   
Sábado, 26 de Septiembre de 2015 01:49

Historia del Partido de Tigre - Parte XCIV. Sacar a la luz viejos expedientes del Juzgado de Paz de Las Conchas con el relato de contiendas pueblerinas es como abrir una ventanita que nos arrima a un pasado lejano del lugar donde vivimos. Un día cualquiera de 1880, un visitante llega a una fonda de Las Conchas, dos personas lo hieren y le roban setecientos y pico de pesos, intervienen tres policías, que discuten entre ellos, dos de los cuales además estaban borrachos…

 

Con el título “…1880… sumario por heridas a Juan Molina. Juzgado de Paz de Las Conchas”, se cuenta que un tal Juan Molina llega al pago de Las Conchas un martes 17 de marzo de 1880. Con el último tren del día, arriba desde la Ciudad de Buenos Aires. Baja del tren y se dirige a un lugar no claramente precisado en los documentos. De allí entró en la fonda de Firpo a tomar un café, pagó, cruzó y fue a la fondita de Garibaldi, que era más chica, pero que tenía una habitación para pasar la noche. Esto indicaría que el visitante tendría la intención de tomarse otro café y de pasar la noche allí.

A lo de Garibaldi llegan Juan Guardia y Manuel Andaluz, quienes piden ginebra, la toman y siendo “las once y tres cuarto”, se enfrentan con el pasajero, lo amenazan con una daga y un rebenque, le pegan con el rebenque y le roban una cantidad de dinero estimada en setecientos y pico de pesos. Se desconoce cuál sería el motivo que desencadenó la trifulca, aunque los testigos aportan luego sus hipótesis.

Según las declaraciones de los testigos, Molina recibió un rebencazo que lo dejó tendido en el suelo, “ocasión en que manotearon el bolsillo – al que rompieron – para sacar los setecientos y piso de pesos”. La víctima se habría dejado robar “por miedo a la daga” y aparecieron dos sujetos, un oficial de policía y un ayudante.

Uno de los vigilantes advirtió que Molina se desangraba y entonces pretendió actuar por su cuenta. Se llamaba Lezica. Para ello le pide permiso a su superior para perseguir a los agresores, pero el Teniente no lo autoriza y le ordena a otro vigilante, llamado San Martín, que impida que Lezica llevara a cabo su cometido. Incluso le ordenó que le apuntara a Lezica con su “remington”. Inmediatamente Lezica allí mismo se desarmó y dijo que de esa forma no quería ser más vigilante.

Como si no fuera suficiente, el Teniente dispuso que San Martín lo “metiera preso” a Lezica, que lo llevara a la cárcel y, si se resistía, “que lo hachara”. El acta fue firmada por Juan Molina, José Ríos y Antonio Iparraguirre, todos delante de J. Vago.

En la misma fecha declaró el testigo Santiago Apañoletto, dueño de la fonda Garibaldi. Declaró hechos similares y agregó que cuando los policías tomaron la decisión de perseguir a Guardia y Andaluz, estos habían escapado por los fondos, pues había pasillos con salida.

Se destaca una de las declaraciones en la que un testigo sostiene que “la reyerta se debía a que Molina era “roquista” y que los agresores, llamados “heridores” en el acta, eran “tejedoristas” (1). En el testimonio también se menciona que el Teniente Oficial estaba borracho y que uno de los vigilantes también y que el que había provocado el problema era “el roquista” recién llegado, de apellido Molina.

Ante la presencia del herido, el fondero fue a buscar al boticario para que lo curara; éste fue pero no se sabe nada más, aunque se presume que Juan Molina sobrevivió porque siguió declarando en días sucesivos. De los documentos del Juzgado de Paz no se desprende que los agresores hayan sido detenidos y quedan importantes vacíos de información. Lo más probable es que hasta allí hayan llegado las actuaciones del caso.

 

Fuente: Torriell, Edel, “Historias Tigrenses”, Municipalidad de Tigre, Buenos Aires, 2001.

 

(1) Carlos Tejedor y Julio Argentino Roca representaban a los dos sectores políticos que estaban fuertemente enfrentados. El primero, gobernador de la provincia de Buenos Aires, encarnaba la posición autonomista y Roca, Ministro de Guerra de Nicolás Avellaneda y líder de la conquista del Desierto, contaba con el apoyo del presidente saliente y de la poderosa Liga de Gobernadores de la mayoría de las provincias. Tejedor y Roca se disputaban además la sucesión en la presidencia que dejaba Avellaneda.