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Para comer mejor, utensilios gourmet PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   
Sábado, 26 de Septiembre de 2015 01:46

Con fibra de madreselva. En el pequeño pueblito de La Paz, Córdoba, la artesana Liliana Guzmán trabaja la madreselva, elaborando accesorios para el té. La simplicidad y refinamiento de sus diseños responden a las exigencias de los degustadores de esta infusión, así como a las demandas de aquellos que, día a día, eligen con más conciencia sus comidas. Para conocer sus productos, facebook Objetos Las Madreselvas

 

Se dice que la madreselva está ligada al amor por el aroma embriagador que emana; sin duda, Luis César Amadori captó esa esencia y por eso escribió un tango tan hermoso (“Madreselvas en flor / que me vieron nacer / y en la vieja pared / sorprendieron mi amor…). Se dice, también, que la madreselva tiene la capacidad de despejar la mente, agudizando la intuición.

La conjunción de estos poderes vegetales se produjo cuando Liliana Guzmán, más conocida como la China, se encontró con ramas de madreselva y comenzó a transformarlas en bellas artesanías. En el pequeño pueblo de La Paz, en el Valle de Traslasierra, Córdoba, la China tiene su taller y allí nos contó su historia de vida, enlazada a la fibra de esta enredadera.

“Empecé con esta fibra como un hobby. Luego, cuando me divorcié, como siempre me había dedicado a la artesanía, decidí transformarlo en un trabajo. Yo quería estar en mi casa, educar a mis hijos, cocinarles, impartirles mi filosofía y hacer algo que me permitiera vivir”.

De esta manera comenzó un camino, “filosófico”, dice la artesana, que le permitió encontrarse consigo misma, por eso asegura que entrar a su taller “es como entrar a un templo”. “Por este camino de trabajo también llegué a la poesía, por eso tengo aquí también mi escritorio”, explica, señalando los dos espacios que componen el taller: hacia la izquierda, su lugar de trabajo manual; hacia la derecha, el rincón intelectual. “Ambos se unen en lo espiritual. Aquí converge todo lo que yo soy”.

 

Para degustar el té

Si bien la madreselva no es autóctona del Valle de Traslasierra, “se adaptó hasta formar un ecosistema con algunas especies en un lugar de determinada humedad, lo que le debemos a las vertientes subterráneas, ahí se desarrolla plenamente”.

Para sus objetos, la China utiliza las ramas rastreras, porque “son las que adquieren longitud, hasta 4 metros, y están derechitas”. Las ramas deben ser hervidas y luego peladas, “si es en caliente, mejor”.

A los pocos años de transformar el hobby en trabajo, su hija mayor se unió al emprendimiento. “Había que generar más laburo, entonces empezamos a indagar por Internet qué clientes nos podían interesar, así, de manera intuitiva, sin saber nada de marketing”. Como básicamente había aprendido a hacer coladores, se interesaron por el mundo del té. “Empezaron a aparecer clientes, surgieron nuevos diseños”. Actualmente, todos los degustadores de té la buscan para comprar sus productos: coladores (con aro de bronce, alpaca o caña), difusores, pinzas para las hebras de té.

“Una de las virtudes de la madreselva es que soporta la temperatura. Además hay que recordar que la fibra vegetal se reaviva cuanto más se humecta. Todo lo que está hecho con fibra vegetal se debe mojar con agua”, recomendó la China, “si no, se seca y se quiebra”.

A los accesorios de té, agregó accesorios de cocina. “Aquel que piensa en lo que come, debe usar utensilios adecuados. No se puede cocinar en olla de aluminio el arroz integral”. La línea se amplió con espumaderas, coladores de aceitunas, vaporeras, paneras, pinzas.

El Fondo Nacional de las Artes le otorgó una beca para hacer una investigación sobre fibras vegetales posibles de ser usadas en artesanías. “Tomé como referencia el Valle de Traslasierra, de 200 kilómetros, que va desde Papagayos (San Luis), en el sur, hasta Pampa del Pocho (Córdoba), al norte. Me interesa ir incorporando nuevas fibras, sobre todo autóctonas, por ejemplo, estoy haciendo escobillas de mesa con paja brava”. Otro material que está indagando es la palmera caranday, que si bien no es autóctona, se encuentra en todo el valle.

Actualmente presentó otro proyecto para una segunda instancia de beca para “hacer un relevamiento de artesanos en el mismo espacio y ver las posibilidades socio culturales y económicas de las materias primas. Me interesa trabajar con los niños en las escuelas para que conozcan las fibras y sus usos, enseñarles que no hace falta comprar una escoba, ni una cuchara, que se puede hacer con una caña o se puede comer con palitos o con pinzas, que pueden hacer ellos mismos”.

Además de objetos utilitarios, la China también incursiona en el arte: tupos, bijou y una serie de corset que expuso en Europa.

Como siempre le gustó el monte, el camino que fue tramando delicadamente la llevó hasta Guanaco Boleado, donde no sólo continuará desarrollando sus artesanías, sino también cultivos orgánicos y todo aquello que puedan aportar los visitantes. “Será un espacio para intercambiar conocimientos”. Allí, seguramente, nacerán otras madreselvas.