Inicio Carta de lectores A propósito del día del periodista
A propósito del día del periodista PDF Imprimir Correo
Escrito por Maribel Carrasco   
Domingo, 12 de Julio de 2015 00:41

La pasión por los diarios y el afán de archivar

El 7 de junio se conmemora el Día del Periodista porque ese día de 1810, tiempos turbulentos de la Revolución de Mayo, Mariano Moreno fundó la “Gazeta de Buenos Aires”. En mi historia personal, el 7 de junio tiene además otra connotación, es la fecha de cumpleaños de mi papá, que dejó este mundo hace casi un año. Esa fecha tiene la magia de relacionar distintas circunstancias que han tenido influencia en mi vida y que me han llevado a adoptar el oficio del periodismo, que hoy puedo expresar por este medio, que es Actualidad de Tigre.

En los años 60, mi padre, un joven inmigrante chileno, se dedicó a la venta de periódicos y revistas con el uso de una bicicleta. Era canillita y estaba a cargo del reparto en el barrio, cerca del Cementerio de Tigre. Tenía un recorrido asignado y en una libretita anotaba los pedidos y los tachaba a medida que los iba entregando. Tal vez por medio del contacto con los diarios y revistas surgió su afición por la lectura de los diarios, a lo que se sumó su activismo y pasión por la política. Fue militante de la JP (Juventud Peronista) en Tigre y San Fernando, en las décadas del 60 y 70.

Luego de unos cuantos años, y habiendo dejado el trabajo de canillita, era común observar a mi padre, los domingos en particular, leer el diario con ahínco, sentado en una pequeña silla a orillas de la parrilla mientras cuidaba que el asado y el pollo se fueran cocinando lentamente. Se devoraba hoja por hoja, mientras la carne iba tomando color entre las brasas ardientes.

Un poco más alejada, ya con unos seis o siete años, yo seguía la lectura de otra sección del diario, podía ser la revista del cuerpo principal o Croniquita. El diario Clarín era el que llegaba a casa y un vecino, que ya tenía hijos mayores, nos regalaba la sección infantil de Crónica. En esa relación silenciosa y a cierta distancia de una hija que imitaba a su padre, fui adquiriendo el hábito por la lectura de los diarios y por estar informada de las noticias de lo que acontecía en el país y en el mundo. Los periodistas y los medios de prensa trasmitían respeto. No existía la mirada crítica que hoy saludablemente tenemos.

Recuerdo que armaba informes sobre los acontecimientos más importantes y recortaba las notas y las pegaba en un cuaderno, y hacía un resumen en cada hoja y les colocaba la fecha correspondiente. También coleccionaba el diario entero de fechas célebres como el día que asumió Ricardo Alfonsín la presidencia del país, y más tarde seguía acontecimientos como la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética a fines de los años 80, el lanzamiento del telescopio Hubble en 1990, entre otros.

La costumbre de archivar diarios también la tomé de mi padre, que tenía guardado en un galpón lindero a la casa, una pila de diarios de fechas destacadas de la década del 60 y 70: la llegada del hombre a la Luna, la vuelta de Juan Domingo Perón a la Argentina, la asunción de Perón a la presidencia por tercera vez, la muerte de Perón y otras. Esos diarios estuvieron apilados durante años en unos estantes pero la humedad de Tigre y algunas arañitas y bichitos fueron corroyendo su integridad física y las inundaciones terminaron con su cometido.

En una de las tantas inundaciones de los años 80, el agua los alcanzó cuando superó el metro de altura, y mi desazón fue mayúscula cuando los vi despedazados, con sus hojas esparcidas naufragando por el agua turbia de las mareas. Aquellos que sobrevivieron, quedaron hinchados como sapos, en un masacote de hojas pegadas con un olor desagradable. Su destino fue el desecho y al mismo lugar fue a parar mi propia colección personal de recortes de diarios y revistas - acumulados durante muchos años - cuando abandoné la casa familiar.

¿Cuál era el sentido de guardar esos diarios? Tal vez tener las noticias plasmadas en un papel podía significar una forma de apropiación de la historia, o un testimonio de haber vivido mientras esos hechos sucedían, algo así como ser un testigo privilegiado y guardar un documento para poder contarlo a otros. También implicada contar con un archivo de información que hoy se vuelve impensable por el lugar que ocuparía, y por el avance de las nuevas tecnologías que permiten acumular millones de bites en espacios diminutos. Sin embargo, nada nos asegura la permanencia eterna de aquellos soportes en los que archivamos información. Una computadora puede fallar y se puede perder toda la información, se puede sufrir un robo o puede venir una marea y llevarnos nuestros tesoros, etc. La contingencia de la vida.

En estas simples líneas entrelazadas con mi historia personal va mi homenaje a todos los periodistas que ejercen esta tarea con pasión por la búsqueda de la verdad y con compromiso social, en una época de tanta mentira e hipocresía, y un homenaje también a mi padre, que nació el día del periodista, y que desde sus inquietudes de hombre común, de barrio, supo trasmitirme su amor por el periodismo, aunque él nunca lo supiera.