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Aquella bestia era uno mismo PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   
Domingo, 24 de Mayo de 2015 23:04

Plasmar el lado siniestro de la humanidad, la búsqueda de Julieta Barderi. Después de terminar su carrera en el Regina Pacis, siguió su formación con Alejandra Seeber, Tulio de Sagastizábal, Eduardo Stupía. En el 2014, la joven artista plástica recibió 5 premios, entre ellos 3° premio Salón Nacional y la Beca Fondo de las Artes-Conti. Su obra se puede ver en la galería Quadro (Av. del Libertador 14.354, Martínez) del 9 de abril hasta el 5 de mayo.

 

Cuando terminó sus estudios formales en el Regina Pacis, inició una serie de pinturas sobre balnearios y bañistas, pero “eso se agotó porque esas imágenes no tenían una búsqueda profunda”, señaló Julieta Barderi, la artista plástica que, desde el 9 de abril, expone en Quadro, la galería de Federico Gonz.

En esta oportunidad, el espacio de la galería está modificado. “Me interesa armar espacios chicos para tener intimidad con los trabajos, que la gente haga distintos recorridos para ir encontrándose con la obra”.

La muestra lleva por título Aquella bestia era uno mismo. Curiosamente, las pinturas no están enmarcadas, sino clavadas directamente sobre la pared. La artista considera que sacar el cuadro de su formato habitual colabora con lo que quiere transmitir, ya que, de esta manera, la obra está “más descarnada”; son 14 pinturas que el público verá por primera vez. “Nunca hice una muestra tan grande”. Ésta es la segunda muestra individual de Julieta, el año pasado mostró en Bisagra.

 

Desequilibrar al espectador

“Me interesa desarrollar una sensación inquietante, una sensación que yo llamo de cerca-lejos, algo desequilibrante, que uno no esté muy seguro de lo que está viendo, como si fuera algo siniestro”, declaró Julieta. Se entiende, entonces, el título de la muestra.

“Hay ciertos elementos que repito, me fui armando una especie de iconografía personal, por ejemplo una cabeza con los labios entreabiertos, un gesto de indefinición, no se sabe si está dormido, muerto, no se sabe si es una escultura o una cabeza”.

Gran desafío es plasmar un momento de indefinición en pintura. Para esto recurre a herramientas pictóricas: “Voy superponiendo capas, algunas más aguadas, otras más densas, tapando una con la otra, entonces se ve un pasado, pero no del todo tapado. Finalmente uno no sabe qué quedó en el cuadro”.

Julieta no cuenta historias, le interesa transmitir sensaciones. Su mejor aliado: su modo de pintar, que “está en función de acompañar esta sensación. En la superposición encuentro transformaciones, por ejemplo un hombre se terminó cortando porque se tapó la mitad. Yo no trabajo con bocetos, voy generando situaciones para ir rescatando cosas interesantes que van pasando sobre la tela”.

Sus cuadros son de gran formato, “cada vez más, porque de esta manera el espacio se vuelve más ambiguo, puedo jugar con los tamaños de los objetos, correr las dimensiones”.

Telas de 2x3 son habituales para Julieta, que confesó que es mucho el esfuerzo físico que debe realizar, subida a una escalera, soportando los calores de este verano prolongado.

Los colores tampoco son tratados de manera ortodoxa: “Se va ensuciando la paleta, son indefinidos. Me gustan los mínimos contrastes. Me parece que colaboran con este clima ambiguo, con no entender cuál es el espacio real”.

Sintetizando su trabajo de años, Julieta dijo: “Con el tiempo me fui dando cuenta qué me convenía para llegar a la sensación que yo quería transmitir. Vi que tenía que romper las formas, los límites, que el espacio no tenía que ser real, todo el cuadro tiene que estar en el punto desequilibrante”.

Los climas densos que surgen de la paleta de Julieta Barderi están totalmente alejados de su personalidad: es cordial, delicada, clara en su hablar; de talla pequeña, muy blanca, rubia; su taller luce ordenado y pulcro. Todo en ella es amigable. “Soy objetiva, no me involucro con la obra”, explicó y, también, contó cómo surgió su interés por plasmar algo casi siniestro: “En un viaje a Praga visité el Museo de la Tortura Medieval. Esas máquinas me generaron una sensación que es lo que intento traducir en las pinturas, es ese cerca-lejos. Todos esos aparatos eran siniestros porque eran algo del hombre, que es conocido, pero se me hacía desconocido a la vez porque eran atroces. Me pareció interesante encontrar una imagen que provocara eso en el espectador”.

Todo un desafío digno de ser visto.

 

Foto: Julieta Barderi al lado de una de sus obras