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NO!! Al patentamiento de las semillas PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   
Domingo, 26 de Agosto de 2018 18:32

Desde siempre, lxs campesinxs mejoraron y guardaron semillas. Permanentemente las empresas transnacionales del agronegocio intentan mercantilizar la vida. Desde el 2003 buscan modificar la ley de semillas argentina para favorecer sus intereses. Agrupaciones campesinas, académicas y de la sociedad civil buscan frenar estos abusos que pondrían en peligro nuestra soberanía alimentaria.

 

Todos sabemos que una semilla es el origen de una nueva planta, es decir que una semilla es germen de vida. Pero para lxs campesinxs, es mucho más: durante milenios han ido mejorando semillas, por eso forman parte de su acervo cultural y, en definitiva, de su identidad. Aún más, fueron las mujeres quienes iniciaron el paciente trabajo de siembra, cuidado, recolección y mejoramiento de las plantas que favorecían el crecimiento de lxs pequeñxs de la comunidad. Si los seres humanos se hicieron sedentarios, es porque las mujeres advirtieron que la conformación de grupos radicados en un lugar beneficiaba el cuidado de lxs niñxs, incluso de los cachorros no humanos que, al igual que los cultivos, luego serían el alimento de toda la aldea.

Agradecer a la madre tierra porque provee de comida, cuidar las semillas plantadas en la época adecuada y moler el grano son tareas realizadas por las mujeres de todas las épocas y geografías.

Las actuales semillas son el resultado de miles de años de conocimiento y transmisión de saberes; gracias al trabajo colectivo, las semillas mejoraron y, por lo tanto, también la producción de alimentos. Pero en los tiempos que corren, sufren el acecho de las transnacionales del agronegocio. El sistema capitalista ansía patentar genes, privatizar semillas, poner un sello de propiedad en la cadena alimentaria desde su origen. Por esto, mujeres y hombres del mundo entero ya no sólo cultivan sus parcelas, ahora también levantan su voz para preservar el patrimonio de los pueblos: las semillas.

 

Las semillas son de todos y todas

Como la semilla es vida, es difícil transformarla en una mercancía. Sin embargo, el capitalismo siempre intentó avanzar en su control y mercantilización. Hay 2 hitos importantes en este sentido: 1) aparición de las semillas híbridas (la 2° generación de semillas no es fértil); 2) biotecnología aplicada al agro (fertilizantes artificiales, agrotóxicos, semillas transgénicas). Otro dato es que en 1930, en Estados Unidos, empezó a utilizarse el derecho de obtentor, una especie de propiedad intelectual que aplica específicamente sobre las semillas. Este derecho se le otorga a aquel que produce una mejora sobre las semillas; obviamente, son las empresas las que se apoderan del trabajo de los investigadores.

Mientras que históricamente el proceso de selección de semillas fue hecho por lxs campesinxs, a partir del siglo 20, y especialmente después de la 2° guerra mundial, el mejoramiento de las semillas se hace en laboratorios, que buscan estabilizar algunas características de frutos, granos y plantas con la única intención de estandarizar la producción y vender todos los años sus semillas, ya que en todos los casos son estériles. Obviamente, las empresas también venden los agrotóxicos para todo el proceso de cultivo.

A partir de esta forma industrializada de producir semillas y frutos, gran cantidad de suelos han perdido fertilidad, se han contaminado las aguas con agrotóxicos, se han matado variedades de plantas y animales y han aumentado enfermedades degenerativas en los humanos.

En 1961, los mercaderes del agro lograron la creación de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV). A partir de este momento, el loby de los empresarios no se detiene, buscando avanzar sobre el patentamiento de la vida, vegetal y animal. Por este motivo, intentan arrancar leyes de semillas que transformen a éstas en un insumo más, equiparable a cualquier otro por el cual se paga una y otra vez que se utiliza.

Asimismo la Organización Mundial del Comercio promueve la apropiación de las semillas, alentando leyes de semillas que permitan el patentamiento o el derecho de obtentor.

En Argentina rige la Ley de Semillas y Creaciones Fitogenéticas, sancionada en 1973 (durante la dictadura de Lanusse) que permite el uso propio de las semillas, es decir que los agricultores pueden guardar sus propias semillas para la próxima siembra. En 1996, debido al trámite expres autorizado por Felipe Solá, Secretario de Agricultura y Pesca de Menem, se incorporaron al sistema agrario argentino las semillas transgénicas de Monsanto; a partir de 2003, las empresas semilleras iniciaron un embate para modificar nuestra ley de semillas y, en 2012, Monsanto propuso una mesa de negociación con este mismo fin. Si bien aún no se lograron modificaciones significativas, el actual gobierno mantiene peligrosamente conversaciones secretas con las empresas transnacionales.

Prohibir que lxs campesinxs guarden sus semillas para la próxima siembra es atentar contra una práctica milenaria; privatizar las semillas es dejar en manos de las compañías multinacionales el origen de la cadena alimentaria, que equivale a asestar un golpe de muerte a la soberanía alimentaria del país.

Muchas organizaciones sociales y campesinas están defendiendo los derechos de los agricultores y las mujeres, una vez más, desde el trabajo en el campo o en ámbitos académicos o judiciales, están dispuestas a defender, para todos, el milagro de la vida.