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Anita Gutbrod, una campeona PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   
Viernes, 29 de Junio de 2018 10:40

1923, récord mundial femenino de permanencia en el agua. Hija de un alemán que compró una quinta en el arroyo Caraguatá, Anita Gutbrod aprendió a nadar en esas aguas amarronadas. Se atrevió a nadar en el Paraná, batió un récord y se retiró, siguiendo con la actividad que marcó su vida: profesora de natación.

 

Llegado desde la fría Alemania en las últimas décadas del siglo 19, Enrique Gutbrod trabajó en distintos pueblos de la provincia de Buenos Aires y finalmente decidió radicarse en el arroyo Caraguatá.

Rodeados de una naturaleza casi selvática, que los inmigrantes europeos fueron controlando para plantar árboles frutales, los hijos de Enrique corrían y jugaban hasta que se lanzaban a las aguas amarronadas que disfrutaban sin descanso.

En una oportunidad pasó por la quinta de la familia Gutbrod, un profesor de la Escuela de Mecánica de la Armada, que reparó en la forma de nadar de Anita Gutbrod, hija de Enrique. Recomendó que la adolescente iniciara clases de natación en el Club Gimnasia y Esgrima. En ese momento nadie imaginó que Anita se destacaría, al punto de lograr un récord mundial de permanencia en el agua.

 

Siempre en el agua

Decidida a trascender, Anita comenzó a nadar en aguas abiertas, ganándose como rival a Lilian Harrison, hija de ingleses. En un juego que las llevó a batir récords alternativamente, las nadadoras no dejaban de asombrar, hasta que llegó la consagración final de Anita, el 14 de marzo de 1923.

El lugar elegido para lanzarse al Paraná fue la ciudad de Zárate, específicamente frente al Frigorífico Anglo. Después de untar su cuerpo con un preparado de aceite de bacalao, vaselina y lanolina - para soportar el frío del agua - la nadadora se lanzó a las 15.25 hs. del día 13 de marzo. Junto con ella, iniciaron el recorrido dos lanchas de compañía: La Talita y Perseverancia.

Entre los hombres que se fueron turnando para acompañar en el agua, estuvo el famoso Vito Dumas.

La noche fue dura, porque la temperatura del agua disminuyó, aun así la voluntad de la atleta se mantuvo férrea.

Atravesó el canal Arias a oscuras, pero puso menos tiempo que su contrincante Lilian Harrison, por lo cual, cuando el sol empezó a alumbrar y la entrada del Luján estaba cercana, ya todos comenzaron a degustar la victoria.

Durante el recorrido del Luján, los isleños la aplaudían y arrojaban flores; llegar a la boca del Caraguatá, donde vivía, le dio un gran impulso.

Ya al mediodía del 14 de marzo, los isleños comenzaron a acompañar a la joven en sus pequeñas embarcaciones.

Después de soportar la corriente en contra y habiendo permanecido en el agua 22 horas y 47 minutos, Anita solicitó que la subieran a la embarcación, ya que había prometido a su padre que se retiraría antes de agotar sus fuerzas. No sólo había permanecido en el agua más que su adversaria, también había nadado 2 kilómetros más.

Esta fue la última vez que Anita Gutbrod se lanzó en aguas abiertas. Tenía 20 años cuando batió el récord mundial femenino de permanencia en el agua. Raro que una mujer que se animó a semejante hazaña, no hubiese intentado otras. Quizás el responsable haya sido su padre que le exigió que terminara el recorrido frente al Club Alemán, o sea en Victorica y Lavalle. Anita aceptó el mandato paterno, se dio el gusto de superar a la descendiente de ingleses y después se dedicó a lo que más le gustaba: fue profesora de natación en Gimnasia y Esgrima hasta jubilarse en la década del 50.

Sin lugar a dudas, la joven Gutbrod es un antecedente de todas las jóvenes atletas quienes, gracias a su esfuerzo y dedicación, logran méritos que, al igual que Anita, permanecen en el anonimato. A los 95 años de su hazaña, vaya este pequeño reconocimiento.

 

Foto: Anita Gutbrod recibiendo un poco de alimento en las aguas del Paraná