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Una gran ronda fraterna PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   

Rolando Toro fue recordado con alegría y danza en la sede de Cultura de Tigre. El viernes 20 de abril se festejó en nuestra localidad el Día Mundial de la Biodanza. La actividad fue organizada por Tigre tiene Biodanza. Gran concurrencia de vecinos y un objetivo: disfrutar al compás de la música.

 

Afuera llovía, la noche estaba desapacible. Adentro, abrazos y sonrisas espantaban la lluvia casi invernal. En la sede de Cultura del Municipio de Tigre todo estuvo dispuesto para festejar el Día Mundial de la Biodanza, en conmemoración al nacimiento de su creador, Rolando Toro.

Danzantes ya experimentados y vecinos atraídos por la propuesta fueron recibidos por los facilitadores de la escuela Tigre tiene Biodanza. Con su habitual sonrisa, Carlos Lavigna se dirigió a los presentes, recordando al creador de esta disciplina: “Toro decía que no creó la biodanza, sino que la descubrió porque la biodanza es la danza de la vida. Él simplemente corrió unos velos de algo que ya existe en la humanidad”.

Hubo presentación de cada uno de los facilitadores, se mencionó a los niños que también tienen su espacio para danzar, dieron su testimonio alumnos de la escuela de Biodanza y Luna, una pequeña biodanzante de 6 años, declaró que siente mucha diversión en cada encuentro de esta actividad, que disfrutan tanto niños como adultos. Y comenzó, entonces, la experiencia de danzar, más de 100 personas, para festejar, no sólo el nacimiento de Rolando Toro, sino la vida misma.

Padres con sus niños en canguro; adultos mayores de la mano de jóvenes entusiastas; niños poniendo su cuota de dinamismo, todos compartieron un espacio que se fue cargando de energía, disfrute y alegría. Con Imagine se inició una ronda; girando muy despacio para poder ofrecer sus miradas y acompañados por las dulces palabras de India, los danzantes se fueron desplazando por el espacioso salón. La música se fue poniendo más movida, como un impulso para disfrutar. El entusiasmo llegó al facilitador encargado de la música que abandonó su lugar y se puso a bailar.

Minuto a minuto, los danzantes se fueron soltando más, la alegría se instaló en los rostros de todos. Fue un gran desafío coordinar a tanta gente, logrando que todos disfruten.

“Ser intensos no es andar rápido. No confundamos velocidad con intensidad”, dijo Carlos en un momento de la gran danza.

Y el festejo continuó y continuó y todos marcharon cargados de plenitud y muchas ganas de que se repita la experiencia.