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Polinizadores en peligro! PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   
Jueves, 26 de Abril de 2018 00:43

Coevolución entre plantas y abejas. Un modelo agroindustrial ecocida: empobrecimiento de los suelos, contaminación de las aguas, destrucción de los bosques nativos, hábitat de insectos que contribuyen en la generación de alimentos, tanto para humanos como para animales. Son necesarios proyectos de reforestación que tengan en cuenta el proceso de polinización.

 

El modelo agrícola industrial, predominante en nuestro país y en otros grandes productores de cereales, ha generado, por uso superabundante de venenos (también llamados agrotóxicos y, ahora, “fitosanitarios”), la contaminación de las aguas - tanto superficiales como subterráneas -, el empobrecimiento de los suelos, el aumento de la deforestación, la disminución alarmante de insectos polinizadores. Todo esto junto pone a la humanidad al borde del desastre.

Yendo de flor en flor, las abejas cumplen una función trascendental: la polinización, que es el intercambio de polen entre flores de la misma especie. Gracias a este proceso, las plantas producen semillas y frutos. Es decir, se garantiza la continuidad de la vida.

Desde hace 30 millones de años, las abejas melíferas vienen desarrollando este proceso con gran eficacia; además, son el único insecto que produce alimentos que consume el ser humano; por esto, como actores esenciales de la naturaleza, deben ser protegidas.

 

Garantizar la alimentación

Miles de años de evolución han dado como resultado que abejas y flores trabajen cooperativamente. Las flores desarrollaron formas que facilitan el trabajo de las abejas; éstas, a su vez, tienen su cuerpo velludo, permitiendo que el polen se adhiera a él. Visitando las flores, las abejas “pierden” polen que cae sobre los pistilos y así se produce la polinización cruzada. Este proceso es fundamental para el mantenimiento de la vida, pues las plantas mejoran su producción y, en muchos casos, cantidad y calidad dependen de la polinización.

Muchas abejas silvestres nidifican en tierra y, cuando se hace agricultura con maquinaria pesada, se destruyen sus nidos. El corte de arbustos cercanos a los caminos y en general la destrucción de plantas en flor, van eliminando la fuente de alimentación de las abejas y, por lo tanto, producen su muerte. Esto puede provocar un colapso económico, ya que las abejas polinizan plantas que sirven de alimento a las personas y también a los animales. Por esta razón se debe garantizar su alimentación, sembrando árboles y arbustos que produzcan flores. En cualquier proyecto de reforestación se debe tener en cuenta este proceso natural.

Hay fruticultores que alquilan colmenas para la época de polinización, aumentando así un 40% de sus ingresos; en Estados Unidos, todos los años se trasladan a California gran cantidad de colmenares, ya que allí se cultivan los almendros. En relación a este mismo árbol, en San Juan se demostró que se podía aumentar una producción de 642 kg/ha sin polinización, a 1291 kg/ha con 4 colmenas y a 1680 kg/ha con 8 colmenas.

Las especies que se benefician con este proceso natural son: almendro, manzano, peral, ciruelo; forrajeras: alfalfa, trébol; verduras: calabazas, pepinos, berenjenas, espárragos, tomate; plantas para extracción de aceite: girasol; fibras textiles: lino, algodón.

Cultivar plantas autóctonas también asegura el mantenimiento de los polinizadores y de toda la biodiversidad propia del sistema. En la zona bonaerense, por ejemplo, se debería propulsar el cultivo de la passiflora, ya que sus flores atraen insectos, sus frutos son comestibles y sus hojas, medicinales.

La toma de conciencia y el abandono de los monocultivos y los agrotóxicos, para volver a la agricultura tradicional, que han practicado siempre los pueblos indígenas y campesinos, haciendo uso de los procesos ecológicos, es lo que puede salvar a los polinizadores y a toda la biodiversidad.


Después de un cruce de palabras con el ministro de agroindustria de la Nación a raíz de una masiva muerte de abejas registrada en Córdoba, la Sociedad Argentina de Apicultores emitió, el 6 de abril, su 1° Declaración, en la cual se dice: “Las variedades de semillas que hacen a la identidad de la tierra y a la fortaleza de sus ecosistemas, desaparecen en manos de la ingeniería genética y de los químicos, que eliminan aquellas que el mercado no puede visualizar como ganancia. Eso se llama pérdida de diversidad biológica. Las abejas no tienen comida saludable, la que hay es poca, sin variedad y en la mayoría de los casos contaminada con ‘fitosanitarios’. Con las abejas desaparecen además el resto de los polinizadores silvestres y con ello buena parte de las frutas y verduras que comemos, así como las que alimentan a nuestros animales… El actual modelo agroindustrial que usa a la Argentina como banco de pruebas es ilegal, pues se sostiene en la modificación genética de semillas y en la utilización de millones de litros de químicos insecticidas, herbicidas y fungicidas, que destruyen las flores, los ecosistemas y el resto de las variedades de frutas y verduras, la flora y la fauna silvestres. Este modelo es ilegal porque elimina la diversidad biológica en forma expresa, sostén último de la vida en el planeta, con la única finalidad cierta de aumentar la riqueza de un puñado de empresas transnacionales”.