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Un diálogo entre el dibujo y el silencio PDF Imprimir Correo
Escrito por Mónica Carinchi   
Viernes, 20 de Abril de 2018 11:08

Encontró, en el Delta, la naturaleza que siempre estuvo buscando. A Nico Sipe se lo puede ver en el tren y en la lancha colectivo, siempre en compañía de lápiz y papel. Es una persona de pocas palabras y, al mismo tiempo, afecto a la conversación. Ilustra el suplemento Las 12, de Página/12. Publicó dos libros autogestivos, está armando una muestra y también se podrán conseguir remeras con sus dibujos. Su obra se balancea entre el negro del lápiz y el blanco del papel. Para ver su obra Facebook Sipe Pesin.

 

Desde pequeño dibuja de manera constante, por eso sostiene que el dibujo es algo que vino con él. “Tengo dibujos de cuando tenía 4 años. Estaba dibujando todo el tiempo. Mi mamá estaba un poco preocupada”.

El niño siguió dibujando, mirando con atención a Quino, a Caloi; con el tiempo descubrió a Rembrand, Matisse, Picasso, Quinquela. “Capta un mundo, cuenta algo”, dice del maestro de La Boca.

Igual que sus preferidos - Quino, Caloi - soñaba con publicar en periódicos y, cuando llegó a los 30, se presentó la oportunidad: unos amigos le propusieron dibujar para Deportes Quilmes. Aceptó y así comenzó un camino en el humor gráfico clásico. Pero sus estudios, sus lecturas y su mirada crítica sobre el mundo consolidaron un estilo con una impronta personal: el estilo Sipe, que, alejado de los parámetros tradicionales de la gráfica, se mete por los vericuetos de la reflexión filosófica.

 

Dibujo y vacío

Nicolás Pesin se puso a jugar con su apellido y así salió el pseudónimo Sipe. Quien lee Las 12, suplemento de Página/12, lo conoce muy bien. “Este es un trabajo que me puso a prueba. Hay que leer la nota, no ser literal, no competir con el texto y todo eso, sólo en horas”, explica Sipe.

Siempre buscó la naturaleza, aunque “no sabía bien dónde encontrarla”; llegó a la isla y ese universo lo fascinó. “Hace 12 años que voy ininterrumpidamente”.

Para trabajar necesita silencio, entonces, delante de la ventana, mirando el paisaje isleño, reelabora sus bocetos: “Trabajar sobre lo propio es lo que permite encontrar el propio estilo”. En la actualidad, mucho de lo que se publica está hecho en computadora, sin embargo Sipe sólo usa lápiz, tinta y papel: “Yo creo que se nota la diferencia entre lo artesanal y lo hecho por la computadora”. Obviamente, el resultado de la máquina podrá ser impecable, pero le falta alma.

En su obra se balancea el dibujo y el espacio en blanco: “El vacío es lo que me obsesiona. La clave de mi trabajo es el vacío. El vacío puede ser un silencio lleno de armonía, para quien lo disfruta, o un silencio inquietante. Cada uno lo va a vivir a su manera”.

La línea fragmentada otorga a sus viñetas una cadencia liviana que contrasta con lo contundente de las frases: “Qué bien que me vendría la sombra de un ranchito”, piensa un árbol. Un ciclista abandona un grupo de deportistas que suben esforzadamente una cuesta y les grita a lo lejos: “Me acordé que lo que me gusta es andar en bici”.

Cada una de sus viñetas dispara una reflexión que no permitirá que el lector pase alegremente a la próxima. Aunque, como sus observaciones penetran en el hartazgo que produce la sociedad de la competencia, sus fans toman sus viñetas para el perfil de wasap.

En el 2017 reunió su obra en dos libros autogestivos y en la actualidad está trabajando en una muestra, que seguramente será de una blancura conmovedora en este mundo lleno de ruido.